Descargar
Asentamiento humano José Carlos Mariátegui
 
César Augusto Puertas tiene 47 años y vive en el asentamiento humano José Carlos Mariátegui, en la localidad de Chulucanas, en Piura. Su voz es pausada, siguiendo la tónica del lugar, que se mueve al ritmo de un intenso calor, el canto de los gallos y la incertidumbre. Saben que el Fenómeno El Niño está, y que puede provocar lluvias que les pondrían en muchos aprietos. Pero César nos cuenta que todo está ocurriendo al revés de lo que pensaron. “Nosotros esperábamos el Fenómeno El Niño, pensábamos que iba a llegar con muchas lluvias. Pero hoy en día lo único que nos ha traído es este calor intenso. Al contrario de lo que pensábamos, no hay lluvias. Y eso también nos perjudica, porque nuestra cosecha se pierde”.
 
Él tiene cuatro hijos, tres hombres y una mujer, y nos recibe en la casa de su mamá y sus hermanas, lugar que desde hace 40 años les sirve para reunirse en familia. César nos cuenta que esa vivienda es producto de una invasión. “Llegué junto a mi madre y a mis hermanos a la zona, e invadimos un terrenito”, relata. Junto a la familia de César llegaron a la zona 70 familias, formando el asentamiento humano José Carlos Mariátegui. Hoy en día el lugar acoge a 1600 familias, y en palabras de César, “esto sigue creciendo, y ya no hay espacio”.
 
 
En Mariátegui hay luz eléctrica, pero el agua les llega por horas. “Solo tenemos agua tres horas por la mañana y dos horas más por la tarde”, dice César. Tienen acceso a desagüe, eso sí, “pero en épocas de lluvia todo colapsa, y esto comienza a oler muy feo, y aparecen las enfermedades”. Las autoridades de la zona no hacen mucho por los habitantes de Mariátegui, quienes según César “están muy molestos e impacientes, y son incrédulos cuando aparece la ayuda”.
 
Asentamiento humano José Carlos Mariátegui
 
Quizás por ello es más valioso el hecho de que César se haya sumado a los beneficiarios del proyecto Aliados ante inundaciones, ejecutado por Soluciones Prácticas y financiado por Zurich. “Yo me enteré que habían llegado a mi pueblo y que iba a haber una reunión”, relata César, “entonces fui, y en esa reunión me eligieron para presidir una plataforma comunitaria de Defensa Civil”. César comenta que ha aprendido mucho todo el tiempo que ha trabajado junto al proyecto. “Gracias a Soluciones Prácticas gocé junto a gente de mi pueblo de las capacitaciones y sesiones de primeros auxilios. Hemos aprendido a reaccionar en caso ocurriese una emergencia. Nos han traído herramientas básicas, como botiquines, guantes, mochilas, megáfonos, sirenas, silbatos. Con eso podemos apoyarnos entre los vecinos”.
 
La voz de la experiencia 
 
César sabe lo que es atravesar los achaques de El Fenómeno El Niño. Lo vivió en carne propia en dos ocasiones, por lo que tiene conocimiento de la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra su vivienda. 
 
“Justo para el Fenómeno El Niño del 82 mi abuela había fallecido, y nosotros estábamos por enterrarla. Pero las lluvias eran tan fuertes que no podíamos trasladar el cajón. En esa época Chulucanas no estaba pavimentada, y teníamos que cruzar lodazales hasta  el cementerio. Tengo grabado ese recuerdo de haber llevado el cadáver de mi abuela y sentir cómo se movía el cajón, cómo se nos resbalaba. Fue una experiencia muy dura”. 
 
En ese momento César descubrió la magnitud que puede tener del Fenómeno El Niño. “Los víveres comenzaron a escasear en nuestra zona. No había azúcar, por ejemplo, y si queríamos endulzar nuestro café, no podíamos. A los niños les endulzábamos la leche y el té con caramelos”. Por esos tiempos, no había luz en Chulucanas, y los pobladores se alumbraban con mechones que necesitaban querosene, pero “ya no había querosene, no teníamos dónde conseguirlo. La leña también se había acabado. De los mismos palos de nuestras casas destruidas sacábamos la leña para poder cocinar”.
 
Para el Fenómeno El Niño del 97, César trabajaba en la zona de Batanes, y para llegar hasta ahí tenía que atravesar dos quebradas. “Debíamos cruzarlos en balsa, pero estaban más grandes que nunca. Yo trabajaba con un amigo que vivía en el camino, y durante algunos días no supe nada de él. Entonces fui con un grupo de gente a buscarlo y vimos que el río se había llevado su casa. Lo pudimos rescatar, pero perdió su casa y su cosecha”, relata César aún con pena.  
 
César cuenta que por esas épocas llegó una ONG a ayudar, y él, solidario, se sumó a la ayuda. “Ayudé a fabricar unos módulos que les sirvieron de viviendas como a 80 familias. Mi casa también sufrió, se inundó y el techo, que era de quincha, se rompió, pero ellos la pasaron mucho peor, debía colaborar”, relata.  
 
Las autoridades se limitaban a apoyar las ollas comunes, para alimentarlos, pero no había presupuesto para mucho más. Aparecieron las enfermedades, como el cólera, la malaria y el dengue, y las postas ya no podían tener más enfermos, estaban llenas y no se daban abasto. “No había enfermeros ni medicinas. La gente andaba toda enrronchada, llena de picaduras. Y hubo mucha gente que murió, por el cólera y por deshidratación”.
 
poblador de la comunidad
 
César nos cuenta que por esas épocas lo único que podían hacer era esperar a que pase el tiempo. Los pobladores de Mariátegui no estaban preparados para el desastre, y las autoridades, tampoco. Los pueblos quedaron desconectados, y las viviendas, destruidas. Quizás sea por el trauma de aquel acontecimiento que César proyecta esa tristeza. Pero le vuelve a brillar el rostro cuando comenta que “gracias a Soluciones Prácticas nos hemos sentido acompañados por primera vez. Hemos sentido que alguien se preocupa por nosotros. Ahora estamos más preparados. Sabemos cómo evacuar, porque hemos encontrado las zonas seguras, que nos van a salvar la vida. Nuestras autoridades hacen muy poco por nosotros, y la gente está muy impaciente y molesta. Por eso el apoyo de Soluciones Prácticas es aún más valioso”.    
 
Facebook Twitter LinkedIn WhatsApp