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futuro es hoy: el trabajo por los niños en Cuatro de Mayo

Después de las inundaciones ocurridas, a causa del Fenómeno El Niño Costero, que azotó el norte del Perú en el verano del 2017, más de 200 mil habitantes de la región Piura se quedaron sin hogar. El evento, que generó las más impactantes lluvias en los últimos veinte años a nivel nacional, dejó más de un millón y medio de personas afectadas. Como suele ocurrir, las poblaciones más vulnerables, cuyas viviendas están ubicadas en sectores aledaños a los ríos que se desbordan por la intensidad de las lluvias, fueron las más perjudicadas.

 

Una de esas zonas fue el Asentamiento Humano Cuatro de Mayo, ubicado en el distrito de Castilla, en la provincia de Piura. Las más de 350 familias que habitan el lugar fueron perjudicadas severamente por la inundación de sus viviendas. Algunas lograron salvar parte de sus pertenencias. Muchas quedaron destruidas por completo. Otras tantas tuvieron que reconstruirse.

 

Soluciones Prácticas, a través del proyecto Aliados ante Inundaciones, que forma parte del Programa Global de Resiliencia frente a Inundaciones del Grupo Zurich, implementó acciones en distintas localidades de Piura. El propósito del proyecto es desarrollar sólidos conocimientos y diseñar estrategias que permitan fortalecer la resiliencia de las comunidades frente a inundaciones. Cuatro de Mayo fue una de las comunidades beneficiarias.

Trabajando por y para los niños

En medio de algunos escombros que se mantienen en la zona, mostrando la huella del desastre de un año atrás, el Asentamiento Humano Cuatro de Mayo nos recibe con su precariedad, pero también con su ilusión. El ruido sincero de niños jugando felices, ajenos a la tragedia y a la angustia vivida por sus padres el verano pasado, nos llama la atención. Estamos en la “Cuna de Cuatro de Mayo”, una casa que sirve de guardería para los niños de la comunidad. Y ahí nos recibe Adelaida Tahuán, encargada del lugar.

“Yo tengo dos hijos, uno de nueve años y otra de dos”, nos dice Adelaida, que aparece rodeada de cinco pequeños (ninguno es su hijo), entre juguetes y hojas para pintar y dibujar. “La idea de la cuna nació a raíz del desastre”, relata Adelaida. “Después de las inundaciones, la ONG Soluciones Prácticas nos ayudó en el proceso de reconstrucción y limpieza de nuestras viviendas. Formamos 22 brigadas de ayuda a toda la comunidad, y en esas brigadas había muchas mujeres. Entonces notamos que esas mujeres no tenían dónde dejar a sus hijos mientras ellas trabajaban en la limpieza y reconstrucción de las casas. Y así se formó la idea de la cuna”.

Adelaida nos comenta que la casa en la que está ubicada la cuna mide 6 metros por 15, y fue elegida estratégicamente. “Era la más céntrica, y podía servirle a todas las personas sin necesidad de hacer recorridos muy largos para llegar”. Tres mujeres son las encargadas de la cuna, en horarios de entre las 8 de la mañana y la una de la tarde. “Para poder hacer de la mejor manera nuestro trabajo, recibimos charlas en las que nos enseñaron cómo tratar a los niños, cómo entretenerlos y cómo mantenerlos tranquilos mientras esperaban a que sus madres regresaran del trabajo”, relata Adelaida.

En su momento de apogeo, es decir, en épocas más críticas post desastre por las inundaciones en Cuatro de Mayo, la cuna albergó a más de 30 niños, desde recién nacidos hasta los ocho años de edad. Hoy se mantiene con los recursos que le alcanzan, y recibe como máximo a diez niños por día. “Nos faltan juguetes recreativos, alimentos, pañales”, nos dice Adelaida. Pese a las carencias que ella enumera, la cuna es un proyecto importantísimo, que ha traído consecuencias favorables en la zona. “Las mamás dejan tranquilas a sus hijos acá, saben que van a estar seguros y protegidos”.

La rehabilitación, desinfección y limpieza de las viviendas en Cuatro de Mayo, así como el abastecimiento de agua segura en la zona, propiciada por Soluciones Prácticas, no solo generó que muchas familias tengan de nuevo un hogar digno, también sembró semillas de solidaridad y optimismo para el futuro. Los niños que se acomodan entre las faldas de Adelaida en la guardería nos dicen eso, entre juegos, dibujos y sonrisas. Pudieron ser los hijos de un desastre de consecuencias fatales, que hubiesen depositado los años más trascedentes de su infancia en una zona dominada por el lodo y las enfermedades. Hoy son los hijos de la ilusión de un pueblo que un día se vio contra las cuerdas, notando cómo sus viviendas se caían a pedazos. Y decidieron actuar. Solucionar sus problemas con ahínco y solidaridad. La diferencia es abismal. El futuro es promisorio.

Autor: Gabriel Reaño

Fuente: Soluciones Prácticas

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