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El sistema de alerta temprana ante inundaciones ligadas al Fenómeno el Niño El sistema de alerta temprana ante inundaciones ligadas al Fenómeno el Niño


El Sistema de Alerta Temprana ante inundaciones ligadas al Fenómeno El Niño

El Sistema de Alerta Temprana (SAT) tiene como finalidad informar a la población que ocupa territorios susceptibles de ser impactados por las inundaciones y propiciar una respuesta oportuna que permita reducir la pérdida de vidas humanas, así como de daños materiales y medios de vida.

Problemática

El Fenómeno El Niño (FEN) ocurre por la debilitación de los vientos alisios, lo que provoca una concentración de masas de aguas calientes. Tales masas pueden provenir del Pacífico occidental (FEN global) o ecuatorial (Niño Costero). El calentamiento de las aguas provoca mayor evaporación de las aguas del mar y favorece a las precipitaciones
fuertes en la costa del Perú y del Ecuador.

En las ciudades ubicadas en la costa peruana, el FEN se manifiesta en particular por lluvias intensas. Tal como ocurre en la mayor parte de las ciudades en países en vía de desarrollo, el crecimiento caótico de las ciudades resulta en la ocupación de los terrenos disponibles, que con frecuencia son zonas de alto riesgo de desastres.

Las comunidades que se asientan en aquellas zonas son generalmente de bajos recursos, tienen un limitado conocimiento que están en zonas de alto riego, no están organizadas ni preparadas ante el riesgo de desastre, y cuentan con recursos mínimos para actuar en un escenario de emergencia.

Un Sistema de Alerta Temprana (SAT) permite responder a estos desafíos, logrando reducir las pérdidas humanas y materiales. El caso que ahora explicamos, ubicado en 3 comunidades de Piura, corresponde a la articulación de diferentes instancias de coordinación al interior de la misma comunidad y sus autoridades locales, así como su articulación con los niveles regionales y nacionales. Una experiencia que podría servir de ejemplo para comunidades vulnerables a inundación en otras partes del mundo.

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Componentes
Un SAT tiene cuatro componentes principales:

Conocimiento de los riesgos: Recopilación de información respecto del contexto natural (clima, geología, suelos, cuencas, cauces de ríos, sistemas de drenajes, topografía, etc.) de un territorio determinado (comunidad, ciudad, región o país) y de las vulnerabilidades de su población y Gobiernos, los cuales pueden generar determinados riesgos y devenir en desastres si no se mitigan estructural y socialmente.

Monitoreo técnico y alerta: Servicio técnico y científico de seguimiento, respecto de un evento de origen natural determinado. El monitoreo es realizado por una institución especializada y autorizada oficialmente, y puede ser complementado por un monitoreo participativo, realizado por la población.

Difusión y comunicación: Sistema de comunicaciones que alerte a las comunidades vulnerables ante un peligro inminente, destacando el uso de radios, megáfonos, sirenas, silbatos, celulares, campanas, etc. Este proceso debe ser dirigido por la Plataforma de Defensa Civil municipal y comunitaria, según el protocolo establecido y difundido previamente entre la población por las autoridades y puesto en práctica en simulacros.

Capacidad de respuesta: La mayor capacidad para responder ante un desastre se genera antes de que este ocurra e implica, entre otras cosas, la puesta en marcha del plan de respuesta a nivel comunitario y el plan de contingencia a nivel de distrito, provincia y región. El plan correspondiente comprende un mapa de riesgos, un mapa de evacuación (calles previamente señalizadas), la ubicación y habilitación de zonas seguras y puntos de encuentro, almacén adelantado, entre otras herramientas.

Además, en Perú se establecieron lineamientos para la instalación de un SAT (Ley N° 29664 - Sinagerd):

  • Que sea implementado en un territorio determinado que puede ser una comunidad, distrito, provincia, cuenca, etc.
  • Debe incluir el plan de contingencia (nivel distrital, provincial y regional) y el plan de respuesta (nivel comunitario). Se puede diseñar un SAT para diferentes tipos de peligros, como por ejemplo para inundaciones, deslizamientos, tsunamis, erupciones volcánicas, incendios, bajas temperaturas, entre otros.
  • En las zonas donde existen varios peligros, los SAT deben ser “multipeligros”, con la finalidad de optimizar recursos.
  • Asegurar que los SAT cumplan con estándares mínimos de calidad, sean sostenibles y con funcionamiento permanente mediante la asignación de recursos materiales y humanos a través de presupuestos institucionales

Caso de estudio: Implementación del SAT

A continuación se presenta un estudio de caso en Piura, donde Soluciones Prácticas implementó un SAT articulado entre comunidades y autoridades locales.

Conocimiento de los riesgos: Desde los FEN extraordinarios ocurridos en los años 1982 y 1983, así como en 1997 y 1998, en los que se produjeron inmensas pérdidas de vidas humanas y económicas en casi todo el Perú, particularmente en el norte, se realizaron diversos estudios que nos aproximan al conocimiento del riesgo de inundaciones a nivel regional, de ciudad y de comunidades vulnerables. Adicionalmente, Soluciones Prácticas desarrolló con las comunidades de tres distritos, mapas de riesgo comunitarios para tener una información local sobre zonas de alto riesgo, zonas seguras y rutas de evacuación.

Monitoreo técnico y alerta: Para completar la información oficial y tener un monitoreo más detallado, se instalaron pluviómetros artesanales manejados por voluntarios comunitarios. La información registrada diariamente sirve para monitorear el nivel de saturación de los suelos e inundación por lluvias, con la cual la plataforma comunitaria puede tomar una serie de decisiones: de registrarse lluvias mayores a 50 mm (50 litros de agua por m2) de manera continua, los terrenos más bajos (identificados en el mapa comunitario) empezarán a acumular agua y deberán tomarse las acciones correspondientes para reducir el impacto. De otro lado, la información sirve para alertar a las autoridades.

Difusión y comunicación: Con la finalidad de mejorar la difusión y comunicación de los mecanismos ya existentes, se incorporó a nivel regional, desde el verano del 2015, un sistema denominado Frontline, el cual establece una comunicación fluida entre los centros de emergencia regional y local de las provincias (8 en total) y distritos (68 en total). Dicho sistema opera en la modalidad de mensajería de textos a celulares desde una base digital con software libre, utilizando un directorio de personas vinculadas a las plataformas de Defensa Civil locales. Sin embargo, en los últimos años, surgió el uso de la aplicación Whatsapp que cumple el mismo objetivo, por lo que se utilizaron los mismos equipos con este fin.

En caso de que falle la conexión a Internet, cada plataforma cuenta adicionalmente con radios de alcance local (VHF), lo que les permite comunicarse con las plataformas municipales y las organizaciones de primera respuesta. Estos equipos están configurados en frecuencias de uso común con las organizaciones de Defensa Civil. Para las acciones de movilización interna en el plano comunitario, si se produce una situación de emergencia, cada plataforma cuenta con equipos de difusión y comunicación, como por ejemplo sirenas, megáfonos, silbatos usados por las brigadas de evacuación y seguridad, primeros auxilios, etc.

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Capacidad de respuesta: De presentarse una emergencia por inundación deben existir las siguientes capacidades para una respuesta organizada:

  • La organización de simulacros en cada zona como parte de los entrenamientos de preparativos realizados.
  • La organización y capacitación de Voluntarios de Emergencia y Rehabilitación, capacitados por más de cien horas en primeros auxilios, evacuación y seguridad, implementación y administración de albergues temporales, prevención y control de incendios, agua, saneamiento e higiene (ASH).
  • El equipamiento básico de los voluntarios: indumentaria (chalecos, botas, rodilleras, ponchos impermeables), sogas, linternas, radios VHF, sirenas, silbatos, megáfonos, botiquines de primeros auxilios, camillas para traslado de heridos.
  • La instalación de almacenes adelantados en cada comunidad con herramientas e insumos: carretillas, palanas, picos, barretas, martillos, sacos, plásticos, botiquines de primeros auxilios, entre otros.
  • El funcionamiento de una plataforma comunitaria de Defensa Civil en cada zona.
  • La señalización de las rutas de evacuación y zonas seguras.
  • La elaboración participativa y liderado por los Voluntarios Brigadistas del Plan de Respuesta Comunitario que incluye el mapa de riesgos y señalización.

Las plataformas comunitarias han sido reconocidas formalmente por las autoridades municipales, al igual que los voluntarios, quienes han sido reconocidos mediante una resolución de la alcaldía.

Costo de la solución basada en el caso de estudio*

El SAT implementado en Piura se centró en las siguientes localidades, beneficiando alrededor de 35 mil personas de las provincias de Piura y Morropón.

El Sistema de Alerta Temprana ante inundaciones ligadas al Fenómeno El Niño

 

Cuadro: Costos del SAT

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Fuente: Soluciones Prácticas

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Pobreza y resiliencia en barrios de Lima Metropolitana Pobreza y resiliencia en barrios de Lima Metropolitana


La cartilla Pobreza y resiliencia en barrios de Lima es el resumen de la experiencia de la aplicación del Análisis Económico de Hogares (HEA), metodología de evaluación socioeconómica de los hogares y comunidades de un grupo de barrios de la periferia de Lima Metropolitana, ubicados en la cuenca media del río Rímac en los distritos de Ate-Vitarte, Chaclacayo y Chosica, y de El Progreso en el distrito de Carabayllo. El objetivo de esta evaluación fue la de identificar el acceso a los medios de vida en zonas urbano-populares, a través de procesos de diagnóstico participativo —instrumento indispensable para la planificación y la gestión del desarrollo local.

Pobreza y resiliencia en barrios de Lima Metropolitana

La información obtenida sobre los patrones socioeconómicos de los hogares —con énfasis en los ingresos económicos, gastos, consumo de alimentos (kilocalorías por persona) y comportamiento que tienen los hogares frente a riesgos actuales y situaciones extremas—, brinda un amplio panorama acerca de la vulnerabilidad de estos hogares y su capacidad de respuesta. La metodología HEA permite entender cómo varían los ingresos, los gastos y los riesgos a lo largo del año y dentro de una misma comunidad.

A diferencia de otras metodologías de análisis estadístico de hogares y de evaluaciones de mercados, la metodología HEA proporciona un panorama lógico e integral de los medios de vida utilizando un enfoque de análisis de sistemas que relaciona las “partes” entre ellas y con el “todo”. Esto posibilita obtener información más sólida al utilizar el análisis de los datos en diálogo con la propia fuente de información (no se limita a la toma de datos de la muestra diseñada para analizarla después), evaluando la calidad de la información en el mismo proceso de recojo de datos (apoyado por un programa informático en una tablet que permite triangular la información a tiempo real). A continuación, utiliza las verificaciones cruzadas para garantizar que la información obtenida es consistente internamente a través de largas entrevistas grupales e individuales.

La implementación de esta metodología en las zonas mencionadas contribuyó a desencadenar un proceso social participativo en tres niveles: distrital, comunitario (barrio) y hogar. A nivel distrital, se logró el compromiso y acompañamiento de las autoridades y funcionarios locales en la búsqueda de información para una mejor Gestión de Riesgos de Desastres (GRD).

A nivel comunitario, los dirigentes sociales brindaron información de la problemática local y organizaron la participación de los representantes de los hogares, y en ese proceso reforzaron su conocimiento sobre los medios de vida de su comunidad. A nivel de los hogares, los representantes de los grupos socioeconómicos que compartieron información de sus ingresos, gastos y consumo, reconocieron el nivel calórico de su alimentación y ensayaron la estructuración de su presupuesto familiar. Todo ello fue conducido por un equipo de trabajo con conocimiento de la problemática urbana popular, con sensibilidad social, experiencia de trabajo colectivo, capacidad de diálogo y de sistematización de la información, y con un manejo básico de informática.

Gracias a la aplicación de esta metodología ahora se cuenta con información consistente y de calidad de la economía de los hogares (que será clave para diseñar estrategias y planes de prevención del riesgo, preparación y respuesta). Asimismo, se contribuyó a fortalecer la participación social en el diagnóstico y la búsqueda de alternativas de reducción de riesgos, y se contribuyó a promover el enfoque de resiliencia comunitaria, que contempla la solidaridad al interior de la familia y de la comunidad.

Este trabajo fue realizado entre agosto y octubre del 2015 por Save the Children y Soluciones Prácticas, con asesoría del FEG (Food Economy Group), y en alianza con las municipalidades distritales de Carabayllo, Chosica, Chaclacayo y Ate-Vitarte.

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Descripción de la metodología HEA

¿Qué es el Análisis de la Economía del Hogar (HEA)?

La metodología HEA (Household Economy Analysis, en español “Análisis de la Economía del Hogar”) es un instrumento de evaluación que Save the Children diseñó en el año 1973, y que se ha ido perfeccionando con más de 500 experiencias implementadas en países de África, Asia y América Latina. En 1998 fue divulgada en un manual elaborado por el FEG (Food Economy Group), ampliando su cobertura de aplicación por diversos gobiernos e instituciones de desarrollo. Es la primera vez que esta metodología se aplica en zonas urbanas del Perú, a través de Soluciones Prácticas y Save the Children. Destaca como una de las primeras aplicaciones a zonas urbanas en Latinoamérica tras muchos años de aplicación solo en contextos rurales.

HEA es una metodología de análisis de las condiciones socioeconómicas de los hogares y la población de un territorio específico. Analiza los medios de vida y las estrategias que los hogares implementan cotidianamente y en situaciones de riesgos para tener seguridad alimentaria. El análisis económico de hogares se realiza de forma participativa, articulando tres dimensiones espaciales (distrito o provincia, comunidad y hogar). De esta manera, se compromete a los actores políticos y sociales en cada uno de estos ámbitos, lo que permite establecer acuerdos para el diagnóstico y planificación del territorio.

Pobreza y resiliencia en barrios de Lima Metropolitana

Pobreza y resiliencia en barrios de Lima Metropolitana

La información se recoge en tres ámbitos distintos: el distrito, la comunidad (o barrio) y el hogar.

El distrito: En este ámbito se revisa información socioeconómica del territorio y de las redes o acceso a mercados existentes. Para ello, se entrevista a autoridades, funcionarios o líderes sociales para elaborar una línea cronológica de eventos y, así, determinar las zonas a evaluar.

La comunidad o barrio: Se realizan entrevistas a dirigentes sociales sobre la distribución de la riqueza o recursos económicos existentes en la zona para seleccionar entre tres a cinco grupos socioeconómicos (GSE) e identificar hogares en cada uno de los GSE donde se realizarán las entrevistas.

El hogar: Se realizan entrevistas extensas (de una hora y media en promedio) a mayor profundidad, donde se recoge información de los ingresos, gastos y estrategias de medios de vida de los integrantes del hogar.

Pobreza y resiliencia en barrios de Lima Metropolitana

 

Pobreza y resiliencia en barrios de Lima Metropolitana

 

 

Resultados de la aplicación de la metodología HEA en 4 distritos de Lima Metropolitana

Ubicación de las zonas de aplicación del HEA: identificación y zonificación de medios de vida

La ciudad de Lima se fundó en 1535. Primero funcionó como sede del Virreinato del Perú y luego de la independencia en 1824, pasó a ser la capital de la República del Perú.

Pese a su importancia, durante los primeros 400 años de su existencia la población apenas superaba las 300 mil personas. Desde los años 40 del siglo XX experimenta un crecimiento exponencial que la hace rápidamente superar el millón de habitantes; cuatro millones a finales de la década del 70; ocho millones al finalizar el siglo XX; y sobre los nueve millones de habitantes en la actualidad.

Este crecimiento acelerado ha estado acompañado de un aumento igualmente ascendente de la demanda de alimentos y necesidades básicas como servicios de electricidad, agua y saneamiento. Todo esto con una alta demanda de tierras para habitar, cubriendo por completo la llanura del cono de deyección del río Rímac; y se extiende hacia las llanuras de los ríos cercanos, ocupando laderas escarpadas de cerros, riberas de ríos y cauces de quebradas que muchas veces no tienen las condiciones básicas de seguridad que se necesita para vivir.

El estudio se enfocó en las zonas de El Progreso y la cuenca media del río Rímac, al ser espacios con altas condiciones de vulnerabilidad, debido a las condiciones económicas de los hogares y a la ocupación no planificada.

Pobreza y resiliencia en barrios de Lima Metropolitana

 

Determinación de los grupos socioeconómicos

En las dos zonas se determinaron los grupos socioeconómicos mayoritarios, a través de entrevistas con líderes de la comunidad. Para ello, se indagó acerca de sus principales actividades económicas, el ingreso medio mensual de los hogares y el número promedio de personas que conforman los hogares. Los GSE se agrupan en base al testimonio de los entrevistados, no corresponde a la clasificacion de Niveles Socioeconómicos (NSE) de las estadisticas oficiales, no compite con esta y podría trabajarse para compararlas.

En el GSE 1 (el más pobre) los responsables de los hogares suelen dedicarse a trabajos inestables, poco frecuentes y/o con bajos ingresos. Esto incluye actividades como reciclaje, trabajo doméstico, mano de obra no calificada y comercio ambulatorio.

En el GSE 2 (pobre) los responsables de los hogares suelen dedicarse a trabajos estacionales o temporales con bajos ingresos, por ejemplo: mototaxista, comercio a pequeña escala (bodegas), mano de obra calificada contratada.

En el GSE 3 (medio) los responsables de los hogares se encuentran con empleos relativamente estables, con ingresos fijos o mensuales, como mano de obra calificada, profesionales, técnicos y choferes (con vehículo propio).

En el GSE 4 (alto) los responsables de los hogares poseen trabajos estables, tienen un mayor nivel de especialización, antigüedad y/o mayor sueldo (este GSE no es significativo en El Progreso, por lo que no aparece en el gráfico).

En el GSE 5 (acomodado) los responsables de los hogares tienen actividades de comercio mayorista o son propietarios de negocios (este GSE no existe en El Progreso, por lo que no aparece en el gráfico).

Pobreza y resiliencia en barrios de Lima Metropolitana

Riesgos que pueden surgir en la comunidad

En el análisis de los riesgos en los hogares, no se consideraron solamente los riesgos de desastres (producto de huaycos, inundaciones, movimientos sísmicos o deslizamientos de tierra), sino también los riesgos financieros, de salud o de seguridad ciudadana, que son mucho más comunes y tienen un impacto más localizado en los hogares.

Amenaza de origen natural

En El Progreso (Carabayllo), la presencia de lluvias, especialmente entre los meses de julio a setiembre, causa daños en las viviendas y en la salud de la población, ya que en situaciones extremas pueden llegar a ocasionar huaycos. En la cuenca media del río Rímac, la temporalidad es diferente, las lluvias suelen presentarse de enero a abril. La activación de las quebradas en temporada de lluvias y los deslizamientos de tierra asociados son el principal peligro que afecta la zona de medios de vida.

En las zonas de laderas, los sismos y lluvias pueden ocasionar derrumbes y caída de pircas (muros de piedra usados como terraza) y daños en las viviendas. Los sismos y huaycos pueden causar muertes y heridos, destruir las viviendas, infraestructura, y obstruir las pistas y carreteras. En la cuenca media del río Rímac, el bloqueo de la Carretera Central durante varios días es relativamente frecuente, ya sea por huaycos o nevadas excesivas en la sierra central. Esto reduce el ingreso de productos a la ciudad de Lima, y por lo tanto, el encarecimiento de los alimentos y otros productos básicos. Además, se presentan enfermedades, principalmente respiratorias y digestivas en función de las estaciones del año.

Amenaza de origen humano

La inseguridad dentro del barrio, con robos y asaltos; la pérdida de empleo o dificultad para encontrar trabajo; el descuido de los niños y niñas por la dificultad de desarrollar actividades económicas y su cuidado; son importantes factores de riesgo en los hogares de las zonas de estudio.

Estas amenazas desestabilizan la economía del hogar, en un contexto de presupuesto ajustado. En caso de los niños, los impactos pueden ser mayores, debido a la exposición a posibles abusos de familiares y extraños, descuido en los estudios, propensión a actividades ilícitas, desestabilización emocional, etc.

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Estrategias de respuesta

Frente a estos riesgos, la población ha desarrollado sus propias estrategias de respuesta, entre las cuales se encuentran las siguientes:

Reducir gastos y comprar alimentos más baratos: Los hogares muy pobres y pobres suelen reducir sus gastos en bienes esenciales y no esenciales. En lugar de gastar en artículos de su preferencia o de calidad, los cambian por otros menos costosos y de menor calidad. Por ejemplo, en lugar de comprar pollo compran más huevos o dejan de comprar frijoles blancos y compran lentejas. Otra estrategia consiste en adquirir pequeñas cantidades, sin embargo, esta estrategia resulta más cara a largo plazo dado que los productos al por menor suelen costar más.

 Acceder a recursos financieros

  • Crédito en las bodegas locales: esta es una estrategia común para los hogares muy pobres. En muchos casos, piden crédito en más de una bodega hasta que pueden pagar a sus acreedores.
  • Préstamos de los conocidos: los hogares suelen acudir a amigos, vecinos y familiares.
  • Prestamistas informales: quienes suelen aplicar altas tasas de interés y pedir pocas garantías.
  • Cooperativas de ahorro y bancos comunales: formas diversas de asociación para acceder al crédito mediante el ahorro solidario, en algunos barrios.
  • Juntas o panderos: agrupaciones de personas conocidas para hacer ahorro colectivo.

Aumentar los trabajos ocasionales: Esta estrategia es difícil de realizar puesto que en años normales ya es difícil conseguir opciones de trabajo. Más miembros del hogar buscarán trabajo y trabajarán más horas y más días. En particular, puede resultar en el incremento del trabajo realizado por niños, niñas y adolescentes.

Organizar colectas o métodos para recolectar fondos: Entre ellas están: las colectas individuales para atender casos sociales, la organización de eventos para la recaudación de fondos (por ejemplo: polladas y parrilladas) y el paisanaje (colaboración en función del lugar de origen).

Depender de los comedores populares y de los programas Vaso de leche: Esta es una de las estrategias más comunes y que se ha institucionalizado en el país. Ante la ocurrencia de un desastre, los vecinos de la comunidad utilizan la infraestructura de los comedores populares para desarrollar ollas comunes, a través de la cooperación mutua entre familias o con el apoyo de otras instituciones.

La posibilidad de implementar estas estrategias está directamente ligada a la resiliencia, definida como “la habilidad de un sistema, comunidad o sociedad de proseguir su desarrollo social, ecológico y económico, así como sus objetivos de desarrollo, al manejar su riesgo de desastre a lo largo del tiempo en una manera que contribuya a un crecimiento sostenible y a mitigar sus riesgos de desastres.
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Las estrategias de respuesta de los hogares reveladas por el HEA muestran que la resiliencia se debe considerar a nivel de familias extensivas, de su comunidad; y de su entorno distrital, regional o nacional. Además, la resiliencia permite vincular el desarrollo y la gestión de riesgos de desastres, mostrando cómo algunas decisiones frente a desastres, tales como el abandono de la escuela para trabajar, pueden llevar a destruir posibilidades futuras de desarrollo.

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Recomendaciones

El HEA permitió identificar varios problemas, para los cuales se formulan algunas recomendaciones, ilustrándolas con ejemplos de posibles acciones. Cada opción debería ser discutida de manera participativa con las autoridades y la población de la zona implicada.

Utilizar la información obtenida en el HEA en las formulaciones del diagnóstico y las estrategias de la planificación local, lo que permitirá una toma de decisiones con mayor precisión. Por ejemplo, en las organizaciones vecinales, el plan de desarrollo económico local, el plan de desarrollo urbano, el plan de gestión de riesgos y defensa civil, el plan de participación ciudadana, los programas de alimentación popular, etc.

Explorar la implementación de un sistema de transporte de bajo costo para los hogares más necesitados con subsidio cruzado, en función del grupo socioeconómico, transporte escolar gratuito, para trabajadores, etc. Ello debido a que el gasto en transporte es muy elevado en la economía del hogar, lo que limita su desarrollo económico, al impedirles acceder a trabajos mejor remunerados lejos de su domicilio. Se recomienda mesas de diálogo con los actores relevantes, por ejemplo, las
municipalidades, las empresas, los transportistas, las escuelas, entre otros.

Incentivar la buena gestión de los recursos al interior del hogar. Promoviendo el ahorro y los créditos colectivos; estableciendo planes de presupuesto familiar que sean
elaborados conjuntamente con los miembros del hogar.

Desarrollar y/o difundir los productos financieros adecuados a las necesidades de los más pobres. Incentivando redes de microcrédito a bajo costo y finanzas solidarias, como, por ejemplo: las juntas de ahorro, los bancos comunales, las cooperativas de ahorro y crédito, las cajas municipales y mutuales de ahorro, así como una permanente educación financiera.

Fortalecer a las organizaciones sociales de base en las zonas más pobres, como las del Vaso de Leche y los comedores populares, desarrollando programas de capacitación a las gestoras sobre: nutrición, manipulación de alimentos y gestión económica. Estas organizaciones sociales son claves para los hogares más pobres y se vuelven estratégicas para responder en caso de desastre, ya que permiten garantizar la alimentación colectiva y de bajo costo.

Desarrollar sistemas solidarios de economía local, a través de asociaciones para las compras colectivas, iniciativas de comercio comunitario, ferias locales y ecológicas, experiencias de trueque de productos y/o servicios, y afianzar el mercado de menudeo (mercados de abastos) que permita mejorar los ingresos de los hogares o el acceso a productos de menor costo.

Potenciar las capacidades técnicas de las mujeres, niños, niñas y jóvenes para que accedan a mejores ingresos económicos por su trabajo, a través de talleres productivos diversos, iniciativas de comercialización justa y solidaria, formación en gestión empresarial y márketing con enfoque de derecho al trabajo digno y sin explotación.

Afianzar o fortalecer los medios de vida que generan ingresos. En las zonas identificadas, los hogares han generado sus propios mecanismos de ingresos como bodegas, prestación de servicios, entre otros, los cuales deben ser fortalecidos con una visión empresarial y solidaria.

Fuente: Soluciones Prácticas

 

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Tecnologías para el control de inundaciones en el contexto de cuencas Tecnologías para el control de inundaciones en el contexto de cuencas


Tecnologías para el control de inundaciones en el contexto de cuencas

El presente artículo desarrolla y muestra las diferentes tecnologías para el control de inundaciones.

Las inundaciones son la causa de desastre más frecuente en América Latina y ocasionan grandes pérdidas económicas. Su frecuencia y magnitud tienden a aumentar debido al crecimiento desordenado de la población y a las deficiencias en la gobernabilidad, esta situación podría agravarse debido al cambio climático.

Las autoridades y las comunidades perciben la necesidad de enfrentar este peligro; sin embargo, a menudo, su estrategia de prevención se limita a instalar barreras físicas en las riberas o quebradas para evitar los desbordes y proteger las viviendas, pero sin una adecuada visión de conjunto. Lo cierto es que no se aprovechan las distintas técnicas disponibles para reducir la vulnerabilidad de la población. En el presente documento se describen las diferentes tecnologías que pueden emplearse a lo largo de la cuenca.

COBERTURA VEGETAL

Conservar y ampliar los bosques no solo resulta importante para capturar el carbono y mitigar el cambio climático, además reduce el riesgo de inundaciones. El bosque funciona como una esponja que retiene una parte del agua de las precipitaciones.

Ello hace posible que esta discurra lentamente hacia las zonas más bajas de la cuenca, ya sea sobre la superficie o infiltrándose en la tierra para aflorar después en los ojos de agua. Por el contrario, cuando el suelo pierde su cobertura vegetal, el agua de lluvia discurre con mayor facilidad, erosiona la superficie, destruye la tierra fértil y acelera el proceso de desertificación. Al mismo tiempo, al eliminarse una barrera natural, el volumen escurrido se concentra en menor tiempo, lo que aumenta abruptamente los caudales en las quebradas y en los ríos. Ello eleva la posibilidad de que ocurran deslizamientos, huaycos e inundaciones.

Las medidas orientadas a restituir y resguardar la cobertura vegetal abarcan más acciones que plantar árboles y controlar la tala indiscriminada. De hecho, el concepto de bosque no se limita solo a los árboles. Incluye tres estratos que interactúan en un equilibrio muchas veces delicado y que deben ser tomados en cuenta en la planificación:

  • Estrato bajo: musgos, hongos y hierbas.
  • Estrato medio: arbustos, árboles jóvenes y troncos de los árboles mayores.
  • Estrato alto: las copas de los árboles de mayor tamaño.

Una adecuada gestión de bosques debe contemplar el sembrado de vegetación nativa, aquella que resulta más adecuada para las condiciones del terreno y de la humedad. Tanto en las partes altas como en las zonas bajas de la faja ribereña, estas especies nativas pueden ayudar a regenerar los cauces y a evitar el desborde de los ríos.

En el distrito de Zurite, provincia de Anta, región Cusco, un proyecto de inversión pública orientado a la protección contra aluviones ha incluido la recuperación de la cobertura vegetal entre sus componentes.

Con el objetivo de disminuir la escorrentía superficial en la microcuenca del río Ramushaca, se previó la construcción de un vivero forestal y la producción de 400.000 plantones forestales a fin de reforestar las laderas. Además, se planificó cercar las plantaciones con alambres de púa, instalar un macizo de protección y sembrar pastos donde hiciera falta. El proyecto fue declarado viable en abril del 2013.

Aunque las acciones enfocadas en la cobertura vegetal tienen la ventaja de reducir los picos de las crecidas, presentan una limitación: son difíciles de aplicar en grandes extensiones de terreno, por lo que sirven sobre todo en cuencas pequeñas.

Cultivos ribereños

La agricultura practicada en las riberas de los ríos suele causar deforestación; sin embargo, es posible combinar de forma sostenible la vegetación silvestre con cultivos ribereños. Recuperando conocimientos tradicionales, muchas veces abandonados, los agricultores pueden producir, por ejemplo, árboles frutales alternando sus cultivos con áreas forestales.

RESERVORIOS

Los reservorios o embalses de aguas pueden servir para distintos fines. Algunos de los más conocidos son asegurar el abastecimiento de este recurso para el consumo humano o para la irrigación, y generar energía eléctrica. Sin embargo, esta tecnología también puede destinarse al control de avenidas con el
objeto de reducir el riesgo de inundaciones.

El concepto es sencillo: en tiempo de crecida, el reservorio retiene importantes volúmenes de agua, lo que reduce los picos y evita las inundaciones aguas abajo de la presa. Según explica Carlos Tucci, quien ha sido profesor del Instituto de Investigación en Hidrología de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, Brasil, el reservorio debe operar de modo que escurra el caudal natural hasta que aguas abajo se alcance la cota límite. A partir de entonces, se emplea el volumen del embalse para mantener o reducir el caudal.

Cuando el reservorio tiene compuertas, se dice que se trata de uno con control de operación. Las compuertas permiten utilizar con mayor frecuencia el volumen disponible para regular las crecidas.

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El objetivo de amortiguar las crecidas en las zonas ribereñas se alcanzará en la medida en que no ocurran problemas operacionales. Sin embargo, pueden presentarse ocasiones, en periodos lluviosos, en los que el embalse no consiga amortiguar el caudal y se produzcan inundaciones. En esos casos, la opinión pública tiende a culpar a la presa por la emergencia. Por todo ello, resulta fundamental garantizar una operación eficiente, lo que exige estudios de suelos y la implementación de medidas que reduzcan el riesgo de desembalse y fracturas en sus estructuras. Estas precauciones se deben combinar con un mapa de riesgos y con un sistema de alerta temprana que utilice datos hidrológicos confiables.

Si bien pueden construirse reservorios con el fin exclusivo de prevenir inundaciones, existen otros de uso múltiple. Al respecto, hay que tomar en cuenta que las presas proyectadas para el abastecimiento de agua, la irrigación o la generación eléctrica normalmente requieren mantener el volumen de agua lo más alto posible, lo que deja poco margen para la amortiguación de inundaciones. Para remediar ese conflicto, se suele reservar un volumen de espera en el reservorio para contener las inundaciones y reducir el caudal aguas abajo.

PLATAFORMAS O CANCHAS DE LODO

Otra tecnología que puede reducir la vulnerabilidad de la población son las plataformas o canchas de lodo. Estas contribuyen al control de aluviones por remoción de masas. Se trata de una medida estructural que retiene el lodo del caudal de un río y frena su avance aguas abajo. Para describirlo en términos sencillos, consiste en aplanar el suelo, lo cual puede complementarse con un empedrado.

Estas plataformas se instalan donde existe peligro de que se erosione el suelo. Puede ser sobre el mismo lecho del río o al lado del cauce, en cuyo caso se requiere una canalización. Esto último es lo que se ha aplicado en un proyecto del que ya hemos hecho referencia: “Instalación y mejoramiento de los servicios de protección ante aluviones en la microcuenca de Ramuschaca, del distrito de Zurite, provincia de Anta, región Cusco”. El proyecto, que ya está en ejecución, incluye una estructura de entrada y terrazas destinadas a la retención de lodos propiamente dicha. La estructura de entrada está diseñada para dejar pasar el agua sin problemas mientras desvía el lodo hacia una de las orillas del río. Un sistema de rieles colocado en el cauce trabaría el avance de un eventual aluvión y lo derivaría hacia las terrazas, compuestas por terraplenes con taludes a ambos lados.

DISIPADORES DE ENERGÍA

La fuerza con la que desciende el agua del río a lo largo de la cuenca tiene el potencial de erosionar y socavar el cauce, además de las presas y otras obras hidráulicas que hayan podido ser instaladas. Dicha fuerza implica además un mayor riesgo de destrucción en caso de inundaciones o aluviones. Para mitigarla, se recurre a los disipadores de energía cinética, estructuras que alteran la velocidad del flujo o que evitan su impacto directo en el lecho. Su diseño depende de las características del cauce y e su vulnerabilidad a la erosión. Aunque puede emplearse la mampostería, es frecuente construir los disipadores en concreto armado.

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Existen varios tipos de disipadores de energía. Entre ellos destacan los siguientes:

a. Salto o resalto hidráulico

El nombre proviene de un fenómeno físico que consiste en la elevación del nivel del agua cuando se reduce la velocidad del flujo, que pasa de un régimen supercrítico (rápido) a uno subcrítico (bajo). En estas condiciones el agua pierde energía cinética y generalmente la disipa en forma de calor.

Este efecto se consigue, en una corriente rápida, con la instalación de algún obstáculo o un cambio brusco de pendiente. El área en que se presenta el salto hidráulico se denomina colchón hidráulico. Su extensión y profundidad se definen en función de un indicador llamado número de Froude. Este relaciona el efecto de las fuerzas de inercia y las de gravedad que actúan sobre un fluido.

b. Poza o estanque de amortiguamiento

Una tecnología que a menudo se utiliza en simultáneo a los saltos hidráulicos son los estanques o pozas de amortiguamiento, los cuales se requieren cuando no se consigue la disipación de energía deseada de forma natural. El agua cae verticalmente sobre el estanque. La energía se disipa mediante ese choque y los remolinos que se forman por el cambio de dirección de la corriente.

Para lograr el efecto deseado (en términos hidrológicos, para compensar el déficit entre el tirante de aguas abajo y el tirante conjugado necesario para el salto hidráulico), se puede profundizar el piso, construir un travesaño de fondo, elevar la rigurosidad de la losa de fondo, disminuir el ancho de sección o reducir la pendiente de la losa de fondo.

Al construir estanques de amortiguamiento se debe tomar en cuenta el poder erosivo del agua, por lo que se debe recubrir el cauce con rocas o concreto. El desgaste obliga a un mantenimiento periódico. En Zurite, Cusco, la segunda acción prevista en el proyecto de protección contra los aluviones fue la construcción de disipadores de energía. Se planificaron 26 saltos hidráulicos construidos con gaviones, además de una poza de amortiguamiento.

c. Infraestructura relacionada a flujos de detritos y a flujos hiperconcentrados

Algunos disipadores de energía se orientan a los flujos de detritos, llamados comúnmente huaycos en el Perú, y a los flujos hiperconcentrados. Estos últimos son movimientos muy rápidos de una crecida de agua, la cual arrastra una gran cantidad de materiales sueltos a lo largo de un canal. Su capacidad de daño es similar a la de una inundación.

Entre dichos disipadores podemos mencionar las presas SABO, que se emplean desde hace más de un siglo en Japón. Las presas se levantan en las zonas altas para acumular los sedimentos y evitar los flujos de detritos. Construidas con acero y concreto, estas estructuras disipan la energía por impacto y filtran los sedimentos, que se acumulan como un embalse, mientras dejan pasar el agua. “De esta forma bajo condiciones normales se permite el flujo de los sedimentos sin afectar la dinámica
fluvial, pero en episodios de gran flujo de sedimentos, estos serán detenidos temporalmente por la presa para prevenir desastres aguas abajo” (Gómez 2012: 3).

Una variante son las presas abiertas de concreto. Esta tecnología consiste en instalar barreras tipo columnas o pilotes dentro de los canales de drenaje a fin de retener sedimentos y escombros. En el documento “Movimientos en masa en la región andina: una guía para la evaluación de amenazas”, se describe el uso de esta técnica en una zona que fue gravemente castigada por movimientos en masa: el Estado Vargas, en Venezuela. En dicho lugar, flujos torrenciales detonados por fuertes lluvias causaron la muerte de 15.000 personas en diciembre de 1999.

En once de las cuencas afectadas se han construido presas, algunas cerradas y otras abiertas, para prevenir nuevos desastres. En posteriores episodios de lluvias intensas, se pudo comprobar la eficacia de las presas abiertas para frenar el paso de sedimentos e, incluso, de troncos de árboles. El proyecto “Aliados ante inundaciones”, del que forma parte Soluciones Prácticas, también está promoviendo el uso de esta tecnología, la cual reduce el poder destructivo de los huaycos y, además, ofrece la ventaja de un bajo costo de instalación.

Otra alternativa económica, difundida por el mencionado proyecto, son las barreras flexibles con red de anillos. En este caso, se instalan unas mallas formadas por anillos metálicos entrelazados, ancladas a ambas orillas del canal de drenaje, de modo que queden perpendiculares a la corriente.

Diseñadas para huaycos, estas barreras resisten cargas estáticas y dinámicas elevadas. Disipan la energía de los sólidos de forma dinámica y permiten el paso reducido de flujos. Han sido probadas en ensayos a escala natural y en condiciones reales, y han demostrado de ese modo su capacidad funcional. Pueden instalarse con pocos materiales y escasa mano de obra, lo que supone un ahorro de costos y de tiempo.

El proyecto “Aliados ante inundaciones” está construyendo infraestructura vinculada a flujos hiperconcentrados, como las barreras flexibles, en la cuenca del río Rímac, como parte de sus intervenciones a favor de las comunidades María Auxiliadora y María Parado de Bellido, del distrito de Chosica, Lima.

Tecnologías para el control de inundaciones en el contexto de cuencas

CONTROLADORES RIBEREÑOS

Una de las medidas más usadas en el país para reducir el riesgo de inundaciones es instalar barreras que protejan a los centros poblados en las crecidas. A estas barreras se las denomina controladores ribereños.

Sus funciones son las siguientes:

  • Reducir la velocidad de la corriente cerca de la orilla.
  • Desviar la corriente de la orilla en caso de desbordes.
  • Prevenir la erosión de las márgenes del río.
  • Establecer y mantener un ancho fijo para el río.
  • Estabilizar el cauce fluvial.
  • Controlar la migración de meandros.

Como la geomorfología es distinta en la costa que en las demás regiones del Perú, la construcción de los controladores depende de las características de la cuenca. Se trata de un proceso técnico, el cual exige realizar estudios hidrológicos y geomorfológicos en aquellos tramos del río que sufren erosión y desbordes.

DESCARGAR LA PUBLICACIÓN AQUÍ: FICHA TÉCNICA: TECNOLOGÍAS PARA EL CONTROL DE INUNDACIONES EN EL CONTEXTO DE CUENCAS

Fuente: Soluciones Prácticas

 

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Sistemas de Alerta Temprana para inundaciones (SAT): Experiencias en América Latina Sistemas de Alerta Temprana para inundaciones (SAT): Experiencias en América Latina


Sistemas de Alerta Temprana para inundaciones (SAT): Experiencias en América Latina

Los sistemas de alerta temprana son una herramienta valiosa que permite salvar vidas y proteger los bienes, especialmente de las personas más vulnerables, y puede ser utilizada para diferentes eventos como inundaciones, sismos, volcanes, etc. Es muy útil especialmente en el caso de las inundaciones que vienen afectando cada vez más a un mayor número de personas en el mundo que cualquier otro tipo de desastre, y que ocasionan graves pérdidas económicas, sociales y humanas.

En el marco del Programa Global de Resiliencia frente a inundaciones de la Alianza Zurich, Soluciones Prácticas como una de las integrantes de dicho programa, impulsó el Estudio sobre Sistemas de Alerta Temprana (SAT) ante inundaciones en América Latina, que buscaba conocer las diversas experiencias que existen en la región a fin de contribuir a la clarificación de las opciones de políticas y herramientas relevantes para enfrentar el problema a nivel regional y nacional.

Para dicho estudio se tomaron como referencia las directrices de la III Conferencia Internacional sobre Alerta Temprana de Bonn (EWC III) realizada en el 2006 que señala cinco recomendaciones principales a partir de la experiencia del tsunami del océano Índico en diciembre del 2004; del Marco de Acción de Hyogo 2005 - 2015, en donde el SAT es una de las prioridades referida a la identificación, evaluación y monitoreo de riesgos, y mejoramiento de la alerta temprana; de la Resolución 58/214 de la Asamblea General sobre la Estrategia Internacional de Reducción de Desastres que “Reconoce … la importancia de la alerta temprana como elemento esencial de la reducción de desastres …” (punto 6); del II Simposio internacional de expertos en SAT multiamenaza de la OMM2 en el 2009, en donde se discutieron varias prácticas nacionales utilizando los cuatro componentes operativos de los sistemas de alerta temprana efectivos, etc.

En el estudio se analizaron 21 experiencias de SAT (de 9 países de América del Sur y de América Central) buscando seleccionar aquellas que se han mantenido en el tiemp con el aporte de la comunidad y de los gobiernos.

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Se realizó un análisis comparativo de los cuatro componentes que recomienda el EWC III: conocimiento del riesgo, monitoreo técnico y servicios de alerta, difusión y comunicación, y capacidad de respuesta de las poblaciones a fin de poder conocer el peso o inclusión de ellos en el diseño e implementación de los SAT, tal como se muestra en el siguiente gráfico en donde el mayor peso recae en el de monitoreo y alerta (95%), así como en el de difusión y comunicación (90%) evidenciando una tendencia global en el peso y orientación que se le viene dando a la tecnología y la inclusión de las redes sociales.

Es preocupante que solo un poco más de la mitad de los SAT (62%) haya realizado estudios técnicos de las amenazas y de la vulnerabilidad para su diseño. El que menos peso tiene es la capacidad de respuesta de la población en riesgo (52%), es decir, las acciones de preparación ante las inundaciones.

 

Sistemas de Alerta Temprana para inundaciones (SAT): Experiencias en América Latina

 

De acuerdo al estudio realizado, para que un SAT sea más efectivo se requiere que se aborde desde la perspectiva del enfoque de Gestión de Riesgos de Desastres (GRD). El SAT es una herramienta potente que permite salvar vidas y proteger sus bienes; sin embargo, implementar solo una red hidrometeorológica o instalar sistemas de comunicación no pueden ser considerados como SAT. Los SAT ante inundaciones que son sostenibles son los que han incorporado los cuatro componentes relativos a un mejor conocimiento del riesgo, monitoreo técnico y alerta, comunicación y difusión de la alarma y el desarrollo de la capacidad de respuesta de las poblaciones.

Enfocados en las personas

Si bien el EWC III recomienda estos cuatro componentes, enfatiza que deben estar centrados en las personas, es decir, que busquen empoderar a los individuos y a las comunidades expuestos a amenazas (en este caso inundaciones), para actuar con la suficiente antelación y en forma adecuada a fin de minimizar los riesgos frente a sus vidas, bienes y medios de vida.

Centrarse en las personas significa que sobre todo las poblaciones más vulnerables deban comprender todo el proceso que significa la implementación de un SAT, por lo que es recomendable que exista un acompañamiento de los técnicos a la población. Sin embargo, la experiencia de los SAT analizados muestra que la preparación a la población es el que menor peso tiene (52%).

Se sugiere rescatar la interfase enfoque institucional – enfoque comunitario en una relación horizontal y “de ida y vuelta” con la participación de los siguientes actores:

Existen experiencias interesantes como el trabajo realizado con vigías y observadores comunitarios que ha permitido el mejor funcionamiento de las alertas. En los SAT de Nicaragua, El Salvador y Guatemala, los observadores comunitarios han sido claves para la lectura de los limnimetros y sensores artesanales y para el envío de información por radios; en el Perú, la participación de la comunidad ha sido fundamental para la lectura de pluviómetros y escalas hidrométricas y el envío de información por radios a los COE distritales. O en Venezuela en donde los pluviómetros artesanales han sido asumidos por el INAHME, quienes tienen enlace con los vigías comunitarios y permiten colgar esta información en Internet.

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UNISDR enfatiza que se debe asegurar que se incorpore en los SAT los factores e insumos locales especialmente en la recolección y transmisión de información “aboga por un enfoque centrado en mayor medida en las personas en lo que atañe a la alerta y la intervención temprana” (FICR, 2013:26). Ello porque a pesar de los grandes avances de la tecnología, existen aún dificultades para recoger la información local y transmitirla a través de redes digitales que permita la emisión de la alerta y realizar una evaluación de las necesidades con mayor rigurosidad.

Gobernabilidad y arreglos institucionales

Destaca de estas experiencias, que los SAT se implementaron a partir de eventos de gran magnitud e impacto en términos de personas fallecidas y afectadas, infraestructura destruida, medios de vida perdidos, etc.; como las inundaciones en Santa Fe (del 2003 y 2007) en donde hubo 130.000 afectados o la granizada en La Paz del 2002 que en un lapso de 70 minutos provocó 68 muertes, 14 desaparecidos, 130 heridos, o en Centroamérica en donde el Huracán Mitch en 1998 provocó inundaciones en la región dejando miles de muertes o el FEN en Piura, (Perú, 1997 – 1998) que significó una pérdida del PBI en 4,5%.

Lo clave fue que, a partir de estos eventos, las autoridades locales y/o regionales no se quedaron solo en la atención de la emergencia, sino que la implementación de los SAT impulsó la institucionalización de la GRD en su ámbito jurisdiccional. Tal es el caso de Santa Fe, que estableció el Sistema Municipal de Gestión de Riesgos y creó la Dirección de Gestión de Riesgo de Desastres con rango de Secretaría y en dependencia directa del intendente, formando parte del gabinete. Otro es el caso de La Paz, en donde a raíz de las inundaciones del 2002, las autoridades crearon el Programa de Gestión de Riesgo de Desastres, como un piloto y en el 2005, se constituyó la DEGIR con rango de Oficialía Mayor, con 500 personas aproximadamente y con el 30% del presupuesto municipal.

Es importante comprender que el SAT no es un elemento aislado dentro de un gobierno, sino que forma parte del enfoque de GRD; así, la apuesta no es solo por el SAT, sino por la transversalización o incorporación de la GRD en dicho espacio. En algunos países se observa que hace falta un marco normativo como base para invertir más en SAT.

Se cuenta con ordenanzas, pero no hay una legislación adecuada en cada país para implementar y sostener estos procesos. Otro aspecto a resaltar es la voluntad política, por lo que el liderazgo deberá ser asumido por la prefectura o la alcaldía o la entidad responsable de la GRD de la jurisdicción a fin de garantizar la sostenibilidad del mismo.

Ello cobra relevancia en el caso de proyectos de la cooperación ya que a su finalización no se cuenta ni con financiamiento, ni apoyo técnico para dar continuidad al SAT. Se debe propiciar la coordinación entre los diferentes actores, por ejemplo en el Beni (Bolivia) en donde se trabajó con distintas instituciones encabezadas por la prefectura del departamento, tales como gobiernos municipales, SEMENA, SENAMHI, la FEGABENI, el Servicio de Educación, el Servicio de Salud, ONG, bomberos, etc., realizando primero un diagnóstico de los SAT existentes en la zona a fin de ver la pertinencia y características de nuevos SAT.

De acuerdo a la modalidad de operación

En las experiencias desarrolladas en el estudio, se han encontrado tres modalidades de operación con diferentes ventajas y desventajas, dependiendo del tipo de inundación, financiamiento, entorno en que se implementan, etc.:

SAT modelo comunitario, que se caracteriza por una participación activa de la población en el monitoreo local haciendo uso de instrumentos artesanales (limnímetros
– reglas hidrométricas y sensores) para monitorear el nivel del río. Este es el modelo al que se ha dado mayor énfasis en fomentar la capacidad de respuesta de la población. Las ventajas de este modelo son que implica una participación activa de la población; la tecnología utilizada suele ser de menor costo, pero su implementación va a depender del tipo de inundación; y la tendencia es a un menor uso de esta modalidad.

SAT centralizado o instrumental, que se caracteriza porque emplean o dependen del monitoreo automatizado o convencional, por ejemplo el SAT de La Paz. En otros casos es controlado por el ente responsable de monitoreo a nivel nacional, por ejemplo el INETER de Nicaragua o DGOA10 El Salvador o INSIMUVEH11 de Guatemala. La tendencia es a un mayor uso de esta modalidad, se requiere un fuerte compromiso de las autoridades por sus elevados costos, el alto componente tecnológico demanda un buen nivel de capacitación de los operadores, pero el riesgo es la rotación de este personal; además con esta modalidad suele existir poca participación de la población en riesgo y una dependencia de insumos y tecnología externa.

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SAT mixto, que se caracteriza porque emplean instrumental automatizado y monitoreo local por medio de limnímetros– reglas hidrométricas o sensores. Un emplo es el SAT de Coyolate de Guatemala. Además permite contar con los avances tecnológicos y, a su vez, con el monitoreo comunitario, pero su implementación va a depender del tipo de inundación.

Conocimiento del riesgo

En el análisis comparativo del gráfico Nº 1 se observa que solo un poco más de la mitad de ellos (el 62%) cuenta con estudios técnicos de las amenazas y que solo el 37% con análisis de vulnerabilidad, lo que evidencia el poco peso que se da al conocimiento científico y social del entorno. Posteriormente podría surgir que se evidencien vacíos en la caracterización de escenarios de riesgo, debido a la falta de datos claros con respecto a las inundaciones o a las crecientes, y se tenga que replantear su diseño.

Se sugiere la colaboración con institutos tecnológicos y universidades para el conocimiento del espacio en términos de amenazas y vulnerabilidad. 

Monitoreo y alerta

En el 95% de los casos (gráfico Nº 1) se observa que se ha incluido este componente, y sobre todo al uso de tecnología de última generación y al uso de las redes sociales para la difusión y comunicación de la alerta que coincide con una tendencia global en el peso y orientación que se le viene dando a ésta.

Existen muchas bondades en el uso de la tecnología, tal como el Informe de la FICR (FICR, 2013) señala, por ejemplo, los avances en la informática han posibilitado la elaboración de modelos más complejos de los riesgos hidrológicos y sismológicos, permitiendo el uso de diversas herramientas. Sin embargo, advierte el informe, se debe tener en cuenta que lo importante no es la tecnología más sofisticada o la de menor costo, sino la idoneidad y la eficacia de las diferentes alternativas tecnológicas adaptables al entorno. Y sobre todo que esté centrado en la población y accesible a ella y a las diferentes instancias de gobierno.

Uno de los riesgos en el uso de tecnología sofisticada es el de agravar la desigualdad y divisiones sociales ya existentes, con el acceso a nuevas herramientas tecnológicas, tal como lo señala el Informe de la FICR o el de Philip Hall (Hall, 2006), pues se puede crear una brecha digital en donde los más perjudicados son los más vulnerables, y justamente los más afectados por los desastres. Así Hall (Hall, 2006: 6) advierte el cambio de enfoque de gestión de emergencias a otro tecnológico científico...cuando nos enfocamos en los SAT basados en ciencia y tecnología, estamos, limitados a lo que ellas desean o sean capaces de hacer. Nos encontramos incapaces de decidir si debemos incluir funciones que no sean científicas o técnicas. Así temas como la preparación de la población, no encajan muy bien en discusiones referentes a las especificaciones científicas y tecnológicas para las redes de sensores y enlaces de comunicación.

En cualquier caso, se debe procurar, especialmente para los países o regiones con menores ingresos, el uso de recursos locales que no generen dependencia de los insumos, como por ejemplo en Zurite (Perú) que apostó por un modelo de SAT con el apoyo de una universidad local o el uso de sensores artesanales como en Centro América, pues ello garantiza el acceso a repuestos y mantenimiento local.

Es clave comprender que el equipo es un medio y no un fin en sí mismo. Por ejemplo, para medir el nivel del río uno puede usar un limnímetro con radar o uno artesanal, lo que importa es que funcione y cumpla su cometido, tal como señaló un entrevistado sobre la importancia que se le dan a los equipos: “…los SAT son para salvar gente no para salvar los instrumentos”.

Es importante que en el proceso de alerta exista claridad en la definición de las entidades responsables y de los mecanismos institucionales a nivel regional, nacional, subnacional y local. La autoridad máxima, de acuerdo a los niveles establecidos en el sistema de alerta, es quien transmite la información a la población en riesgo, en coordinación con los COE y los organismos de primera respuesta para activar los mecanismos de respuesta preestablecidos en los planes de contingencia. Para que el sistema funcione óptimamente se requiere que los procesos se realicen en el menor tiempo posible de acuerdo al tiempo de llegada del agua en los distintos
municipios, sustentado en base al estudio hidrológico.

El proceso de la alerta, tal como lo señala Ocharán, es el espacio en donde se empieza a pasar del campo científico al político. Con la información en la mano y nunca con un grado de certeza del 100%, se tiene que decidir si se alerta a la población y en qué grado. El miedo a que un SAT se convierta en el “Sistema del Pastorcillo Mentiroso” motiva a ser comedido en la alerta (Ocharan, 2007: 2).

 

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Fuente: Soluciones Prácticas

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Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza de Lurigancho Chosica, invita a evento público de prese Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza de Lurigancho Chosica, invita a evento público de presentación y suscripción del Acuerdo de Gobernabilidad


Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza de Lurigancho Chosica, invita a evento público de presentación y suscripción del Acuerdo de Gobernabilidad

Con el objetivo de lograr consensos sobre propuestas que el pueblo demanda, más allá de los interés legítimos partidarios, La Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza de Lurigancho Chosica propone un Acuerdo de Gobernabilidad 2019 al 2022; este esfuerzo es fruto de diálogos bilaterales que iniciaron el 11 de agosto, con organizaciones sociales, como Representantes del Frente de Defensa, La RED de Líderes Resilientes de la cuenca del rio Rímac, Dirigentes de Sierra Limeña, La Rivera, San Miguel, San Antonio, Nicolás de Piérola, Cañaverales, ASODACAROSIO, La Asociación de Vivienda de Trabajadores Municipales, entre otros, que continúan articulándose con organizaciones de Huachipa, Cajamarquilla, y Carapongo.

La presentación del proceso y resultados de los diálogos y el nuevo Acuerdo de Gobernabilidad al 2022 consensuado, se realizará en evento público el domingo 29 de Septiembre, en el local comunal de Nicolás de Pierola a partir de las 3 p.m, con participación de candidatos en las Elecciones Municipales, medios de comunicación local y nacional: escrita, hablada y televisiva, autoridades públicas y privadas, miembros de la MCLCP.

Asimismo la suscripción de compromisos de implementación del Acuerdo de Gobernabilidad 2019-2022, será un pacto político ético de gobernabilidad y gobernanza por un “distrito Integrado, Seguro y Sostenible”, por los candidatos al Gobierno Local de Lurigancho-Chosica, ante la ciudadanía y que estará sujeto al seguimiento concertado por la Mesa de Concertación y la vigilancia social de la ciudadanía a partir de Enero del 2019.

Por lo que se ha cursado invitación escrita a los actores involucrados en el proceso electoral 2018 y la gobernabilidad, a participar de este evento. La acreditación y confirmación se realizará en la oficina de la Asoc. De Vivienda, San Miguel de Pedregal a nivel, teléf. 944257865 y cel. 951615252

Fuente: Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza de Lurigancho Chosica

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13 de octubre: Día Internacional para la Reducción de Desastres 2018 13 de octubre: Día Internacional para la Reducción de Desastres 2018


13 de octubre Día Internacional para la Reducción de Desastres

Este año, 2018, la celebración del Día Internacional para la Reducción de Desastres se centra en la Meta C del Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres: Reducir las pérdidas económicas causadas directamente por los desastres en relación con el producto interno bruto (PIB) mundial para 2030.

Así mismo busca transmitir el mensaje de que los desastres tienen un costo humano y la reducción de las pérdidas económicas que estos ocasionan puede transformar vidas.

¿Por qué celebramos el DIRD?

#DIRD2018 #ResilienciaParaTodos

El Día Internacional para la Reducción de Desastres, conmemorado cada 13 de octubre, tiene el fin de promover una cultura mundial para la reducción de desastres, lo cual incluye su prevención y mitigación, al igual que actividades de preparación.

 

Desde hace ya 25 años que se ha designado este día por la Asamblea General, este se ha transformado en una actividad mundial de gran importancia para aumentar el grado de sensibilización en torno a este tema, y se ha celebrado de diversas formas para alentar esfuerzos dirigidos a establecer comunidades y naciones más resilientes frente a los desastres.

El Marco de Sendai tiene siete metas estratégicas y 38 indicadores para medir los avances logrados hacia la reducción de las pérdidas ocasionadas por los desastres. Estos indicadores alinean la aplicación del Marco de Sendai con la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático.

Con base en el aspecto principal del Día Internacional en torno al impacto que generan los desastres en las vidas y el bienestar de las personas, el tema de este año busca transmitir el mensaje de que los desastres tienen un costo humano y la reducción de las pérdidas económicas que estos ocasionan puede transformar vidas.

Esto se realizará después de experimentar un año en el que las amenazas naturales han contribuido a registrar un récord de pérdidas económicas en todo el mundo, cuyo monto se ha calculado en $350 mil millones, tanto en pérdidas aseguradas como no aseguradas.

Esto ha generado un severo impacto en diversos sectores de la economía de los países afectados, al igual que en la disponibilidad de fondos públicos para gastos sociales en áreas como educación y salud, las cuales son vitales para la consecución del desarrollo sostenible, en especial de los ODS.

El Banco Mundial calcula que anualmente los desastres generan costos en la economía mundial por un valor de $520 mil millones de dólares estadounidenses y obligan a 26 millones de personas a sumirse en la pobreza.

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OBJETIVOS PRINCIPALES

  • Promover actividades en el ámbito nacional y a nivel comunitario que destaquen la implementación del Marco de Sendai;
  • Hacer énfasis en el impacto de las pérdidas económicas que ocasionan los desastres en los esfuerzos dirigidos al lograr el desarrollo sostenible;
  • Destacar las consecuencias del aumento de eventos meteorológicos extremos en los gastos sociales de los países de ingresos bajos y medios;
  • Describir el impacto de las pérdidas económicas y de otros tipos en al menos un país por cada región; • Presentar un informe que analice las tendencias de los desastres, el impacto humano y las pérdidas económicas.

Los seis indicadores adoptados por la Campaña Sendai Siete para alcanzar la Meta C en el 2018:

  • Pérdidas económicas directas atribuidas a los desastres en relación con el producto interno bruto mundial (indicador compuesto).
  • Pérdidas agrícolas directas atribuidas a los desastres.
  • Pérdidas económicas directas con respecto a todos los demás bienes productivos dañados o destruidos atribuidas a los desastres.
  • Pérdidas económicas directas en el sector de viviendas atribuidas a los desastres.
  • Pérdidas económicas directas derivadas de los daños o la destrucción de infraestructuras vitales atribuidas a los desastres. - Pérdidas económicas directas por patrimonio cultural dañado o destruido atribuidas a los desastres

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¿Cuáles son los mensajes claves para este 2018?

  • Si las inversiones económicas no están informadas de los riesgos, no son sostenibles y esto tiene un costo humano.
  • Si la información sobre los riesgos no llega a las inversiones, no son sostenibles y esto causa un efecto en el costo humano.
  • Los desastres son una vía hacia la pobreza y generan sufrimiento para muchas personas vulnerables que viven en países de ingresos bajos y medios.
  • Un mayor grado de exposición de las personas y los bienes económicos ha sido una de las causas principales del aumento a largo plazo de las pérdidas económicas que ocasionan los desastres, y esto muestra que los incentivos económicos para ubicarse en muchas áreas propensas a amenazas continúan teniendo mayor peso que el riesgo de desastres percibido;
  • Si bien las pérdidas económicas absolutas se concentran en los países con ingresos más altos, en términos relativos, este es un problema mucho mayor en los países de ingresos bajos;
  • Expresadas como un porcentaje de los gastos sociales, las pérdidas anuales previstas en los países de ingresos bajos son hasta cinco veces más altas que en los países de ingresos altos;
  • Los países con una mayor necesidad de invertir en desarrollo social son aquellos que enfrentan más retos debido al riesgo de desastres;
  • Por lo general, la inversión en la reducción del riesgo de desastres representa un gran ahorro en términos de las pérdidas que se evitan y los costos de reconstrucción, con una relación costo-beneficio que va desde 3:1 hasta 15:1, y aún más alta en algunos casos;
  • La integración de la reducción del riesgo de desastres en las decisiones relativas a la inversión es la forma más rentable de reducir el riesgo;
  • La inversión en la reducción del riesgo de desastres es una precondición para lograr un desarrollo de forma sostenible en un clima variable;
  • Si la reducción del riesgo puede incluirse de forma explícita en los planes y los presupuestos nacionales para el desarrollo nacional y la adaptación al cambio climático, todas las ramas del gobierno podrán programar inversiones y medidas para la reducción del riesgo.

 

Fuente: UNISDR

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Estableciendo prioridades para las inversiones de reconstrucción Estableciendo prioridades para las inversiones de reconstrucción


Este documento breve de política sobre prioridades para las inversiones de reconstrucción está basado en un Análisis de Capacidades Post Desastre (PERC), financiado por el Programa de Resiliencia frente a las Inundaciones de Zúrich. El documento analiza las inundaciones en Perú ocurridas por el Niño Costero en 2017. Se ha elaborado resumiendo temas importantes del documento PERC.

Estableciendo prioridades para las inversiones de reconstrucción

Con frecuencia, los esfuerzos de recuperación a largo plazo se enfocan en la reconstrucción de infraestructura. Servicios principales, mercados y transporte son fundamentales para mantener los medios de sustento de las personas y la actividad económica.

Sin embargo, considerando que Perú está diseñando e implementando planes de recuperación en respuesta a las inundaciones de 2017, la atención a algunos criterios adicionales permitirá aprovechar el gasto no solo para la reconstrucción, sino también para construir resiliencia a largo plazo.

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Implementación en proceso

El Gobierno peruano ha puesto en consulta el Plan Integral de Reconstrucción Con Cambios (PIRCC), y sus planes de reconstrucción están definidos para un periodo de tres años. Además, ha creado la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios con el fin de aprobar y desembolsar fondos de reconstrucción, que será implementado a través de fondos públicos, privados y obras por impuestos.

Hasta la fecha, 75 % de los fondos son asignados para la recuperación de infraestructura gris, incluyendo inversiones importantes en reparación de vías y protección de infraestructura de inundaciones, así como la rehabilitación y expansión de sistemas de drenaje. El 23 % del presupuesto se destinará a obras de prevención y solamente 2 % al fortalecimiento de capacidades institucionales.

Estableciendo prioridades para las inversiones de reconstrucción

 

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Los desafíos al futuro

  • La reconstrucción es un proceso de largo aliento y probablemente durará más de tres años.
  • Los gobiernos locales sienten que no se están considerando sus prioridades ni sus opiniones en el proceso de toma de decisión respecto a la asignación de fondos.
  • El enfoque en infraestructura implica que la recuperación social y de medios de sustento de las personas se delegue directamente a los hogares y comunidades. Esto se aprecia en discusiones sobre reasentamientos, donde el énfasis está puesto en viviendas físicas en lugar de ayudar a recuperar vidas y medios de sustento de las personas. Este enfoque probablemente resultará en un aumento de la vulnerabilidad para muchos hogares.
  • La reconstrucción de infraestructura de protección con frecuencia repite errores del pasado. Los planes para mejorar el mantenimiento de estructuras y cauces son ambiciosos, sin embargo, el financiamiento es limitado y el cambio de autoridades es frecuente. Sin financiamiento continuo y mantenimiento regular los mismos errores pueden ocurrir en la siguiente inundación. Por otro lado, no contempla áreas verdes para la protección de riberas y la restauración de los ecosistemas a nivel de las cuencas.
  • Capacidades técnicas existentes, por ejemplo, en las universidades y la sociedad civil no son usadas eficientemente para orientar la reconstrucción y procesos de recuperación.

Estableciendo prioridades para las inversiones de reconstrucción

 

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Recomendaciones

  • La reconstrucción debe estar vinculada al plan de desarrollo a largo plazo y se espera que el periodo de reconstrucción lleve más de tres años. El periodo inicial de tres años debe ser invertido en recuperar los principales servicios y su funcionalidad, reconstruir viviendas en zonas donde no existan riesgos no mitigables y, en paralelo, para iniciar una discusión entre actores no estatales, agentes del Estado y gobierno descentralizado sobre cómo institucionalizar la reconstrucción dentro del plan de desarrollo.
  • Los actores no estatales y del gobierno descentralizado, y la población deben ser incluidos en la toma de decisiones sobre el establecimiento de prioridades para la asignación de fondos para reconstrucción.
  • Es importante plantear que la reconstrucción debe tener un enfoque de manejo integral de cuenca y que garantice la incorporación de la gestión de riesgo de desastres. En particular, el enfoque de cuenca debe de ser incluido en el diseño de las infraestructuras.
  • Se recomienda expandir el enfoque para incluir recuperación social y de medios de sustento de las personas afectadas. Comparado con los inmensos costos de infraestructura, los de los programas sociales suelen ser más bajos y el costo-beneficio es usualmente mayor que los proyectos de infraestructura.
  • Hay que aprovechar el periodo de tres años para “reconstruir mejor.” Esto incluye la incorporación de principios de resiliencia sobre “falla segura,” “redundancia,” y “flexibilidad” en el diseño de infraestructura y el desarrollo de planes claros, con fuentes de financiamiento y expectativas para mantenimiento continuo.
  • Aprovechar la capacidad de las agencias técnicas, universidades y grupos de la sociedad civil para la reconstrucción, ya que ellos pueden contribuir no solo con capacidad técnica, sino con capacidad basada en un conocimiento de las necesidades, prioridades y valores locales. La reconstrucción será más efectiva y eficiente si se involucra a estos actores en los planes de recuperación y reconstrucción.
  • Evaluar los éxitos de la recuperación e institucionalizar estos elementos en planes y sistemas de respuesta actual. Una vez que el Gobierno se encuentra en la fase de reconstrucción existe poca capacidad para desarrollar nuevos sistemas y aprender nuevos enfoques. Al aprender de la recuperación e incorporar este aprendizaje en modelos actuales, el Gobierno puede asegurar que la siguiente fase de reconstrucción sea más eficiente y efectiva.
  • Es necesario fomentar infraestructura de pequeña escala, usando conocimientos locales y tecnología ancestral, en los casos donde sea relevante.
  • Debe existir vigilancia ciudadana para plantear algunas estrategias y garantizar la calidad del gasto en la ejecución de las obras.
  • Se debe vincular el plan de reconstrucción a los planes de desarrollo regionales y planes nacionales (como el Plan Bicentenario), a los planes de desarrollo urbano, planes de Desarrollo Concertado (PDC) y otros instrumentos.

Conclusión

  • Con frecuencia, la reconstrucción después de un desastre se realiza apresuradamente en un esfuerzo por normalizar la situación. Sin embargo, en el largo plazo, dejan debilidades centrales sin resolver, como es el caso de la vulnerabilidad que luego se reactiva en el siguiente desastre.
  • La reconstrucción debe ser usada como una oportunidad para aprender sobre las debilidades que existen y para desarrollar sistemas y servicios para abordar estas desde sus bases.

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Fuente: Soluciones Prácticas

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Los desastres pueden prevenirse: elementos para el Análisis Participativo de Riesgos Los desastres pueden prevenirse: elementos para el Análisis Participativo de Riesgos


Los desastres pueden prevenirse: elementos para el Análisis Participativo de Riesgos

El presente artículo presenta una metodología para el Análisis Participativo del Riesgo, la cual permite que la población identifique y analice alternativas de soluciones con una mirada comunitaria.

La construcción del riesgo es un proceso social ligado a los procesos de desarrollo urbano que incluye desde la forma de ocupación del territorio, el uso del mismo y la migración, hasta el incremento de las condiciones de riesgos de la población.

El Análisis Participativo del Riesgo permite dimensionar la escala de los impactos potenciales de los desastres, construir escenarios de riesgos, conocer la evolución de fenómenos sucesivos y permitir la alerta temprana, la prevención y la mitigación. El proceso metodológico para el Análisis Participativo del Riesgo describe dos grandes etapas: la organización y sensibilización, y el análisis del escenario de riesgo.

Según el Informe de Evaluación Global sobre Reducción del Riesgo de Desastres de las Naciones Unidas del año 2015, las pérdidas económicas ocasionadas por desastres tales como terremotos, tsunamis, ciclones e inundaciones se elevan hoy en día a un promedio de entre US$ 250.000 millones y US$ 300.000 millones al año. Se calcula que las pérdidas anuales esperadas mundiales habrán aumentado hasta los US$ 415.000 millones en 2030 debido a las necesidades de inversión solo en infraestructura urbana. El aumento del riesgo de desastres, el cambio climático, la pobreza y la desigualdad son indicadores de un desarrollo no sostenible.

Al mismo tiempo, el incremento de las pérdidas y los impactos ocasionados por los desastres, magnificados por el cambio climático, disminuirá la capacidad de muchos países de ingresos bajos y medios a poder evitar el aumento acelerado del riesgo de desastres. En consecuencia, existe un creciente consenso acerca de la necesidad de abordar los factores causales del riesgo en el desarrollo como el cambio climático, el consumo excesivo de capital natural, la pobreza y la desigualdad.

El nivel de riesgo está determinado por el alto grado de vulnerabilidad, el cual está condicionado no solo por la exposición sino también por la fragilidad y resiliencia de las poblaciones y sociedades. Entre los factores de vulnerabilidad se puede mencionar la forma de planificar las ciudades y comunidades, la ubicación de los asentamientos en zonas de riesgos, la carencia de criterios para adecuarse a las zonas de riesgo y el crecimiento rápido de las ciudades.

También, los altos índices de pobreza, poblaciones que carecen de servicios básicos o si los tienen son de mala calidad, altos índices de desnutrición, bajo nivel educativo y condiciones de salud deterioradas.

Al mismo tiempo, la sobreexplotación de los recursos naturales, la existencia de políticas o normas que regulan el uso y el acondicionamiento del territorio —que contrastan con el poco control y regulación por parte de las organizaciones e instituciones y el evidente incumplimiento de las mismas—, la debilidad de las organizaciones comunitarias y sociales, la poca capacidad de las instancias para manejar las situaciones de emergencias y desastres; entre otros aspectos.

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Todo ello conlleva a que el Perú sea un país altamente vulnerable.2 En este sentido, la construcción del riesgo en los diferentes territorios (urbano o rural) es un proceso social que está íntimamente relacionado con el desarrollo, que va desde la forma de ocupación del territorio, el cumplimiento de políticas públicas, las dinámicas sociales; como la migración, que genera el incremento de las condiciones de riesgos de la población que se encuentra asentada en estos espacios.

De esta manera, la gestión del riesgo se constituye en un proceso de adopción de políticas, estrategias y prácticas orientadas a evitar y reducir los riesgos de desastres o minimizar sus efectos. Implica la participación de los diferentes sectores sociales de una población y —en el caso específico de una comunidad— desarrollado en alianza técnica entre habitantes-profesionalesinstituciones. De otro lado, el análisis de riesgo es un instrumento fundamental para identificar y cuantificar los probables daños de un territorio.

Este es un paso primordial para la realización de procesos de planificación y de implementación de proyectos de desarrollo públicos o privados.

Por consiguiente, el Análisis Participativo del Riesgo es una metodología fundamental pues permite integrar a la población en el proceso de identificación, análisis y alternativas de soluciones, con una mirada comunitaria.

El Análisis Participativo del Riesgo de Desastres

 

Para poder analizar y evaluar los riesgos el primer paso es realizar un reconocimiento del escenario del riesgo. Esto puede hacerse mediante una jornada de campo que nos permita conocer el territorio y tomar conocimiento de los tipos de peligros, las condiciones de vulnerabilidad y las capacidades locales que existen en la comunidad para plantear una estrategia de reducción de las condiciones de riesgo del territorio.

El Análisis Participativo del Riesgo de Desastres está centrado en la interacción de las amenazas y la vulnerabilidad, y evidencia un posible impacto en los medios de vida de la gente, en la infraestructura, en la economía, en el capital social y ambiental. El Análisis Participativo del Riesgo, permite:

  • Dimensionar la escala de los impactos potenciales de los desastres que podrían darse en términos de intensidad y magnitud sobre los activos sociales, institucionales, económicos y ambientales.
  • Construir escenarios de riesgos.
  • Conocer la evolución de fenómenos sucesivos.
  • Permitir la alerta temprana, la prevención y la mitigación.
  • Difundir información relevante en las comunidades afectadas o expuestas a riesgos de desastres.
  • Implementar políticas, definir estrategias, programas, proyectos y acciones para reducir las condiciones de riesgos a niveles aceptables y/o medidas de adaptación.

Características básicas del análisis del riesgo

  • Es un proceso participativo - pues requiere del involucramiento de la población, autoridades, técnicos de las instituciones y organizaciones locales y subnacionales, tanto para la identificación de los peligros, vulnerabilidad, capacidades y el riesgo, como para plantear estrategias de reducción de estas condiciones de riesgo.
  • Integrar el conocimiento técnico con el ancestral - debe integrar el conocimiento técnico de los profesionales y el ancestral que los pobladores han recibido de sus antepasados y que han nutrido con su propia experiencia.
  • Reconocer y considerar la cultura, cosmovisión, conocimiento del territorio y percepción del riesgo de desastres de la población - entender la forma cómo se ve y se siente el riesgo desde la población que soporta los impactos de los desastres, para ello es necesario tomar en cuenta los conocimientos, las experiencias, las prácticas y  la tecnología local de los pobladores; que pueden ser los apropiados para reducir los riesgos y adaptarse al cambio climático

Proceso metodológico para el Análisis Participativo del Riesgo

 

Organización y sensibilización: Es un proceso permanente que se da a lo largo de todas las actividades, que permite el involucramiento de los actores locales, subnacionales y nacionales, la articulación de las diferentes visiones, imaginarios y expectativas, la negociación y concertación de propuestas, de la gestión y puesta en marcha de las estrategias de reducción de las condiciones de riesgos.

Actividades

Compromiso político, coordinación con las autoridades competentes: Es importante contar con respaldo político de la autoridad competente, pues permite darle legalidad al proceso de análisis de riesgo, más aun cuando es de carácter participativo. Esto permitirá que las acciones que se plantean sean consideradas y puestas en práctica por el equipo de gestión del gobierno local.

Sensibilización de autoridades, funcionarios y técnicos de instituciones responsables de la gestión del desarrollo: Se realiza para obtener decisión política, compromiso y participación de autoridades, funcionarios y técnicos en el proceso. Se transfiere el enfoque de la gestión de riesgo y su importancia en el desarrollo local y subnacional, la normatividad legal actual, roles, responsabilidades y derechos de las personas e instituciones en la gestión del riesgo de desastres. Esto permite fortalecer el liderazgo del gobierno local para la coordinación y promoción de las estrategias de reducción de las condiciones de riesgos.

Revisión de procesos de desarrollo previos y en marcha respecto a GRD: Permite identificar procesos de desarrollo previos y en marcha para identificar lecciones y fortalecerlos, si es necesario, y luego articularse a ellos. No se trata de generar procesos aislados ni nuevos espacios de coordinación, sino más bien aprovechar los existentes y complementarlos. Esto permitirá conocer el contexto político, social, económico y ambiental de la comunidad e incorporar la gestión del riesgo de desastres.

Sensibilización y capacitación de líderes comunitarios, actores del desarrollo y la población: Busca el acercamiento y el entendimiento del enfoque de la gestión de riesgos de la población, permite identificar las organizaciones vecinales, locales y/o comunitarias, y a los líderes o representantes de las mismas para transferir conocimientos, herramientas y metodologías sobre la gestión del riesgo de desastres. La sensibilización permitirá motivar la participación e involucrarlos en acciones de reducción de riesgos, así como identificar a los líderes de la comunidad con capacidad de coordinación y para articular los procesos de desarrollo.

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La resiliencia en contextos urbanos La resiliencia en contextos urbanos


La resiliencia en contextos urbanos

MARCO CONCEPTUAL DE LA RESILIENCIA

La resiliencia ante los desastres

El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres, aprobado en marzo del 2015 por los países integrantes de las Naciones Unidas, da mayor énfasis a la construcción de la resiliencia que a la gestión de desastres luego de ocurrido un evento. Así, se vincula la Reducción de Riesgos de Desastres (RRD) con la planificación del desarrollo a largo plazo y se abordan los riesgos subyacentes.

De esta manera, la tercera prioridad del Marco hace referencia a “invertir en la reducción del riesgo de desastres para la resiliencia”, estableciendo que “las inversiones públicas y privadas para la prevención y la RRD mediante medidas estructurales y no estructurales son esenciales para aumentar la resiliencia económica, social, sanitaria y cultural de las personas, las comunidades, los países y sus bienes, así como del medio ambiente” (UNISDR, 2015, p. 18).

Se han llevado a cabo muchos esfuerzos para definir el concepto de resiliencia, cuyas características y enfoques dependen del abordaje que le dan las instituciones y organizaciones, ya sean humanitarias o de desarrollo. Este término ha sido mayormente empleado por la comunidad ambiental como climate resilience, muy vinculado a la resistencia y adaptación.

La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR) define la resiliencia como: “la capacidad de un sistema, comunidad o sociedad expuestos a una amenaza para resistir, absorber, adaptarse y recuperarse de sus efectos de manera oportuna y eficaz, lo que incluye la preservación y la restauración de sus estructuras y funciones básicas” (2009). 

Por su parte, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) establece que la resiliencia es: “la resiliencia es la habilidad de un sistema, de una comunidad o sociedad de seguir sus objetivos de crecimiento, y su desarrollo social, ambiental y económico, mientras puede manejar sus riegos de inundaciones en el tiempo, de una manera que se refuerza mutuamente”. (Keating, 2017).

Según la Alianza Zúrich, “la resiliencia es la habilidad de un sistema, de una comunidad o sociedad de seguir sus objetivos de crecimiento, y su desarrollo social, ambiental y económico, mientras puedemanejar sus riegos de inundaciones en el tiempo, de una manera que se refuerza mutuamente”. (Keating, 2017).

La resiliencia comunitaria

La resiliencia está ligada a la capacidad de las familias de una comunidad de responder, resistir, recuperarse y adaptarse al impacto de un evento adverso, sobre la base de sus recursos, mecanismos y estrategias comunitarias desarrollados, para la recuperación progresiva de sus medios de vida. La gestión de riesgos es un elemento clave para la construcción de esta resiliencia y permite generar procesos comunitarios y participativos, y de empoderamiento.

Así, la resiliencia comunitaria se refiere a la capacidad del sistema social, de las familias, organizaciones e instituciones para detectar, prevenir, hacer frente a las adversidades, reorganizarse y recuperarse tras un daño, de modo que mejoren sus funciones, su estructura y su identidad. Cabe precisar que la población responde de manera colectiva a los desastres o eventos adversos, y que la resiliencia comunitaria se construye en el día a día, cuando las personas se dedican a mejorar las condiciones de su entorno y sus capacidades, colaborando mutuamente y aplicando las normas legales. Todo ello permite su preparación, respuesta y adaptación a la situación de crisis generada por eventos adversos.

Las comunidades son complejas y dinámicas, como los problemas y vulnerabilidades que presentan, los actores se relacionan entre sí, a través de redes de solidaridad y colaboración para el acceso a prácticas sociales, de mercado, salud, educación, articulándose unas con otras para su funcionamiento.

De esta manera, tenemos comunidades, ubicadas en una cuenca o microcuenca, que se organizan para el uso adecuado del agua, lo cual permite no solo el uso de este recurso, sino también el desarrollo de acciones conjuntas para establecer condiciones seguras en toda la cuenca o microcuenca. Es decir, que aplican acciones de reducción de riesgos en la parte alta, media y baja, considerando el desarrollo sostenible de todo el territorio.

En ese sentido, el territorio se constituye en un elemento fundamental para el análisis de la resiliencia, pues permite que las familias identifiquen condiciones de riesgos y las relacionen con los procesos sociales, económicos, políticos y ambientales. Esto es útil para poder desarrollar estrategias que permitan mejorar la resiliencia.

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Características de una comunidad resiliente

Es importante transformar a las comunidades vulnerables en comunidades resilientes y sostenibles, mediante acciones de reducción de riesgos de desastres que permitan el fortalecimiento de sus capacidades y el empoderamiento de la población y de las autoridades en sus diferentes niveles de gobierno. A continuación, presentamos un conjunto de recomendaciones que pueden contribuir a la construcción de comunidades resilientes, lo cual depende no solo de los actores locales de la comunidad, sino de
su articulación con los actores externos, tanto humanitarios como de desarrollo. 

Conocer nuestros riesgos: las propias comunidades pueden evaluar sus riesgos, vulnerabilidades y capacidades de forma integral, buscando un mayor entendimiento sobre la forma en la que impactan, en la que evolucionan y se adaptan a un medio cambiante. Este proceso debe ser acompañado por técnicos y autoridades locales, para poder brindar soporte técnico y apoyar en el proceso de aprendizaje.

Integrar enfoques y disciplinas: es importante conocer los diversos enfoques, como el de género, de derechos o el de cuencas, para aplicarlos efectivamente en los territorios. Esto requiere de la interacción de distintas disciplinas para analizar el riesgo de desastres, elaborar planes e implementar acciones para reducir el riesgo y fortalecer la resiliencia. Es importante integrar visiones desde los campos de la salud, la educación, la agricultura, la cultura, los medios de vida y la visión social, además de buscar la interacción y articulación de todos los actores.

Fortalecer la organización comunitaria: la resiliencia de una comunidad está determinada por la capacidad de sus líderes, así como por sus recursos y conocimientos. Con esto puede organizarse para movilizar los recursos locales. El fortalecimiento y la apropiación local son esenciales para que las comunidades tomen el liderazgo en el proceso de desarrollo.

El conocimiento tradicional: este tiene un rol fundamental en la implementación de estrategias de reducción de riesgos de desastres, el cual debe combinarse con el conocimiento científico y otros sistemas de conocimiento para incorporar tendencias y propuestas tecnológicas. El resultado de este proceder conduce a mejorar nuestro nivel de resiliencia y a responder adecuadamente frente a los posibles desastres.

Generar buenas prácticas y aprendizajes: entre las comunidades y la población, y que sean ellos quienes se empoderen. Solo así podremos generar resiliencia en las familias y en las propias comunidades. Compartir estas buenas prácticas es un paso importante para la construcción de la resiliencia.

Diálogo político: las autoridades de los diferentes niveles del gobierno contribuyen a fomentar un entorno propicio para la RRD a través de políticas, leyes y el apoyo de las instituciones. Este trabajo debe ser abordado de manera holística, conectando los diferentes niveles y ofreciendo soluciones integradas.

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LA RESILIENCIA URBANA

El riesgo urbano

Según The Rockefeller Foundation, para el año 2050 se prevé que más del 75% de la población mundial vivirá en zonas urbanas, razón por la cual los esfuerzos de promover el bienestar de la humanidad deben tomar en cuenta la concentración de la población en esas zonas, puesto que generará una mayor demanda de servicios, infraestructura, espacios, cadenas alimentarias, entre otras. (s.f.). Dado que la urbanización se combina con la globalización, los sucesos de las ciudades afectan a todos los demás lugares. Por ejemplo, las inundaciones de Bangkok, en Tailandia, en el año 2011, quebraron cadenas de valor enteras, lo que perturbó la economía de la ciudad.

En una ciudad, el riesgo es la posibilidad de perder los elementos más importantes que permiten su funcionamiento y desarrollo. Por ello, es necesario realizar un análisis de la vulnerabilidad de las ciudades para identificar los puntos o nudos críticos que podrían hacerlas colapsar y, sobre la base de ello, desarrollar e implementar medidas y estrategias para contrarrestar estos riesgos urbanos.

Es probable que en un mismo contexto urbano existan espacios o barrios más vulnerables que otros, lo cual depende no solo de la ubicación o calidad de los servicios, sino también de la capacidad de las familias para responder o reponerse a un evento. Por lo general, cuando los barrios más pobres son afectados por eventos adversos, estos se recuperan mucho más rápido que otros, ya que cuentan con redes de colaboración interna.

Como se menciona, la creciente urbanización hace más complejo “que las ciudades crezcan de forma inclusiva, segura, resiliente y sostenible. En la actualidad, numerosas ciudades carecen de suficiente agua potable, electricidad, transporte público confiable y de otros recursos básicos necesarios para […] las poblaciones y, de esta manera, contribuir a generar oportunidades económicas para todos”.

Las causas que provocan inundaciones en las ciudades están relacionadas con el crecimiento de las poblaciones urbanas y de la densidad de los asentamientos humanos en zonas de riesgo, la inadecuada planificación territorial que incrementa la vulnerabilidad y la infraestructura apropiada para el control del cauce del río, que implica un manejo incorrecto de la cuenca. Todo ello sin considerar las causas estructurales, como el incumplimiento de la legislación, las competencias y recursos centralizados, la insuficiente generación de personal con formación y experiencia, entre otras.

La resiliencia en contextos urbanos

 

Factores de riesgo en las ciudades

Entre los factores de riesgo de una ciudad se consideran los siguientes (algunos puntos se basan en el Manual de Ciudades Resilientes):

La concentración de la población, la ausencia de políticas de planificación y, por lo tanto, la ocupación desordenada, factores que conducen al incremento del riesgo en las ciudades.

La falta de oferta de viviendas que sea proporcional con el crecimiento de las poblaciones urbanas, por la creciente densidad que ejerce presión en los suelos y servicios. A su vez, se presenta un crecimiento horizontal que origina el aumento de asentamientos humanos en el territorio, a lo largo de laderas inestables y en zonas propensas al riesgo. Tenemos, por ejemplo, viviendas construidas en laderas en los distritos de Carabayllo y Ate, en Lima, Perú, al igual que en La Paz, Bolivia.

La concentración de recursos y capacidades en las ciudades capitales genera dependencia y centralismo en las decisiones. Esto provoca una falta de recursos económicos y humanos, y limitadas capacidades en el Gobierno local para la respuesta y reducción del riesgo de desastres.

La inadecuada gestión de los recursos hídricos, sistemas de alcantarillado y residuos sólidos son muchas veces la causa de emergencias en materia de salud pública, inundaciones y deslizamientos.

El deterioro de los ecosistemas debido a las actividades humanas, como la construcción de carreteras, la contaminación y la extracción insostenible de recursos, ponen en peligro la capacidad de brindar servicios básicos, como la regulación y la protección en caso de inundaciones.

La falta de reglamentos de construcción eficaces incrementan la vulnerabilidad en las ciudades. Las construcciones se realizan sin tomar en cuenta las normas técnicas y códigos de construcción, bajo la autoconstrucción.

La débil gobernanza local y poca participación de los actores en la toma de decisiones, la planificación y la gestión urbana.

 

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Fuente: Soluciones Prácticas

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Sistemas intermedios de información climática para sistemas de alerta temprana Sistemas intermedios de información climática para sistemas de alerta temprana


Usando nuevas tecnologías de la comunicación, software y hardware libres, con un enfoque participativo y en coordinación con las autoridades y la población, para mejorar Sistemas de Alerta Temprana ante inundaciones y deslizamientos se puede incidir en trabajo de prevención de desastres y en la gestión del riesgo.

Sistemas intermedios de información Climática para sistemas de alerta temprana

Problemática

Entre las medidas no estructurales para evitar pérdidas de vidas ante inundaciones y deslizamientos de tierra destacan los Sistemas de Alerta Temprana (SAT). Un SAT puede definirse como el conjunto de medidas y capacidades necesarias para generar y diseminar información útil y oportuna que permita a las personas amenazadas se preparen y actúen apropiadamente, con suficiente tiempo para reducir la posibilidad de daños o pérdidas (UNISRD, 2009).


Para ser efectivo debe abarcar 4 componentes que funcionen de manera articulada: (1) conocimiento del riesgo, (2) monitoreo y alerta, (3) difusión y comunicación, y (4) capacidad de respuesta. Sin embargo, los sistemas de alerta temprana tienen a veces un impacto limitado, que se origina frecuentemente por separar los aspectos tecnológicos, comunitarios y organizacionales, especialmente en los componentes 2 y 3.


Esta segmentación puede originar problemas, como falta de información hidrológica útil, su distribución a destiempo, falta de canales de comunicación entre entidades de respuesta. Por otro lado, las estaciones de monitoreo climático suelen tener altos costos de compra y mantenimiento, resultando en una cantidad insuficiente de estaciones instaladas para lograr un monitoreo en todo el territorio.

En este artículo, se presenta una solución tecnológica para responder a este tipo de problemas, buscando articularla con los aspectos comunitarios y organizacionales.

Pasos

Paso 1. Identificación preliminar de los riesgos de inundaciones y deslizamientos, y de las áreas críticas para implementar un Sistema de Alerta Temprana.
El primer paso consiste en la identificación de las necesidades y fortalezas recopilando tanto la información técnica como los conocimientos locales sobre los riesgos de inundaciones y deslizamientos, en otras palabras, el análisis de peligros, vulnerabilidades y capacidades.

Esta identificación debe realizarse de manera integrada al trabajo de fortalecimiento comunitario con metodologías participativas. En el caso de estudio presentado en la sección siguiente, una de las áreas más críticas identificadas, y que podía ser abordada por una solución tecnológica, fue la de información climática. Se encontró que existían variables que no estaban siendo medidas, áreas que no estaban siendo monitoreadas, que faltaban procesar datos, que los eventos máximos históricos estaban registrados en la memoria colectiva pero con pocos datos robustos. Estos problemas se pueden resolver con soluciones tecnológicas, por lo que el paso 2 consistió en mapear los diferentes tipos de tecnologías disponibles hoy en día.

Paso 2. Mapeo de las soluciones tecnológicas para resolver el problema identificado en el paso 1
En los últimos años, se han abierto nuevas posibilidades de tecnologías con alcance masivo, de bajo costo y abiertas. Por un lado, el uso masivo de las tecnologías de la comunicación ha resultado en una conectividad casi total, lo que abre la posibilidad para una comunicación directa, a tiempo real, entre diversas organizaciones y con las personas más vulnerables, usando por ejemplo la red celular (GPRS), redes inalámbricas, o sistemas de radiofrecuencia (RF).

Por otro lado, los desarrollos de las comunidades de software y hardware libre permiten lograr herramientas tecnológicas de costos accesibles y la libertad para adaptarlas a contextos específicos, lo que nos permite diseñar sistemas según las necesidades locales. Unos ejemplos son las impresoras 3D, los microcontroladores y microcomputadoras de bajo costo como Arduino y Raspberry Pi, o las plataformas web.

Una vez identificadas tanto las brechas para llegar a un Sistema de Alerta Temprana efectivo (paso 1) como las posibilidades tecnológicas (paso 2), el paso siguiente consiste en diseñar soluciones apropiadas.

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Paso 3. Diseño de estaciones de monitoreo que respondan a las necesidades, a partir de las soluciones tecnológicas identificadas
En primer lugar, se planteó la necesidad de estaciones de monitoreo, idealmente modulares y de bajo costo: ya sea para medir variables que no están siendo medidas o cubrir áreas no monitoreadas con variables hidrometeorológicas convencionales. Segundo, se planteó articular estas estaciones a un sistema de información climática que maneje y procese datos, además de compartir la información procesada entre las autoridades, incluso los niveles de alerta entre autoridades locales y población vulnerable.

A partir de ello, se desarrolló un sistema de información climática denominado Qawaq (“el que mira” en quechua) como soporte tecnológico para SATs frente a huaicos e inundaciones.

Algunos detalles técnicos de la versión actual de Qawaq describen su funcionamiento bajo el paradigma del Internet de las Cosas. Para el recojo y envío de datos utiliza una Red inalámbrica de sensores (WSN), controlada por microcontroladores y microcomputadoras de bajo costo como Arduino y Raspberry Pi y conectada mediante la red celular (GPRS) y enlaces locales mediante módulos de Radiofrecuencia (RF). Para la gestión de datos e información utiliza una serie de plataformas web gratuitas, algunas de ellas de código abierto que permiten la comunicación bidireccional entre estaciones y las personas responsables, ya sean funcionarios del gobierno local o líderes comunitarios, además de plataformas convencionales de mensajería instantánea como WhatsApp o Telegram. Finalmente, para la comunicación de los avisos, alertas y alarmas se utiliza tanto la plataforma web como la red móvil vía SMS.

Para el diseño físico de las estaciones, se puede usar impresión en 3D para las cubiertas de sensores. Además, el uso de paneles solares proveen independencia del suministro eléctrico, que debería ser un requisito ya que suele tener dificultades durante desastres.

Sistemas intermedios de información Climática para sistemas de alerta temprana

En conclusión,

  • Es fundamental un enfoque que vea al sistema de alerta temprana como proceso social que abarca aspectos técnicos para evitar el error común de pretender que un sistema de monitoreo sea suficiente; es indispensable que implique de manera efectiva a las personas vulnerables y que integre a las diversas instituciones técnico-científicas y de gobierno.
  • Otro enfoque importante a considerar es el de trabajar con tecnologías apropiadas, ya sea desarrollarlas, adaptarlas o gestionarlas, y que respondan a las necesidades de las personas más vulnerables.

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Para conocer otras experiencias que utilizan herramientas tecnológicas similares en otros rubros o contexto, se sugiere revisar la estación meteorológica oficial de Raspberry Pi para la enseñanza de programación en colegios, la estación meteorológica UCAR-USAID para países en desarrollo (Kucera & Steinson, 2017) probada en lugares de África y Centroamérica, los Observatorios Virtuales Ambientales (EVO, por sus siglas en inglés) aplicados también para alerta temprana en el proyecto Landslide EVO que lidera el Imperial College London (Paul et. al 2017), los equipos de monitoreo del nivel de lagunas glaciares del INAIGEM (INAIGEM, 2017), entre otros. Estas experiencias pueden servir de referencia para ser replicadas o adaptadas en otros ámbitos.

Como ayudar a elaborar la resiliencia: Estudio de caso

Soluciones Prácticas desarrolló el sistema de información climática Qawaq como parte del sistema de alerta temprana frente a inundaciones y huaicos1 en el distrito de Lurigancho-Chosica desde el año 2017. Estos fenómenos son muy frecuentes en el Perú: se estima que un 30%2 de la población se encuentra en niveles de muy alta y alta susceptibilidad ante estos fenómenos. Además, en muchos casos los huaicos incrementan los caudales de los ríos, acoplando los dos fenómenos. Los impactos indirectos que generan, como el corte de carreteras, perjudican el abastecimiento de alimentos y flujos comerciales a grandes ciudades. Este riesgo debe gestionarse con diversas medidas, desde infraestructura de mitigación hasta acciones de preparación y respuesta como los sistemas de alerta temprana.

Tras el análisis de los riesgos y de las áreas críticas, se decidió cubrir áreas no monitoreadas y variables no medidas previamente: medir la precipitación por quebrada y la saturación del suelo; y tomar registro visual. Algunas de las estaciones de monitoreo fueron instaladas en techos de las casas de voluntarios comunitarios, otras en zonas altas de las laderas. Por la cobertura total de la red celular y disponibilidad de smartphones, este fue el medio de comunicación.

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Entre los resultados durante la temporada de lluvias 2017, el más resaltante fue la articulación que se dio entre el conocimiento local con el técnico-científico. Se implementó un monitoreo con una resolución temporal muy fina (data por minuto en vez de por hora) en base a sugerencias locales, que ha probado ser adecuado para las variables utilizadas y los métodos de análisis actuales. Al ser un desarrollo propio, hacer esta adaptación fue sencillo y sin costos adicionales, pues solo requirió cambiar parte del código de las estaciones.

Sistemas intermedios de información Climática para sistemas de alerta temprana

Por otro lado, se firmó un acuerdo de colaboración con la Agencia KOICA3, que junto con el Instituto Nacional de Defensa Civil, instalaron una red de estaciones de alta tecnología en quebradas cercanas. Este acuerdo nos permitió verificar las ventajas de monitorear cada quebrada y la utilidad de nuestros equipos como complemento a equipos de alta tecnología, pues ofrecen una precisión suficiente para la toma de decisiones. Actualmente se vienen preparando propuestas para extender esta experiencia con apoyo del estado o de la cooperación internacional.

Esta solución tecnológica aporta a la implementación de un sistema de alerta temprana, pero no es autosuficiente. Se necesitan procesos que apunten a la capacidad de respuesta comunitaria, a la coordinación entre entidades oficiales y locales, entre otros. Por eso, parte del proceso comunitario implicó la conformación de brigadas, que elaboraron pluviómetros artesanales de muy bajo costo (S/ 10 o USD 3), aportando al monitoreo técnico. Además, se conformó la Red de Líderes Resilientes de la cuenca del Rímac, que se articuló al sistema de alerta temprana como un canal de comunicación adicional de mayor de alcance al comunitario o un distrital.

Es importante notar que estos procesos no deben ser paralelos sino articulados. Solo de esta manera la implementación de un SAT, que aislado pertenece a una componente de la gestión del riesgo de desastres, puede aportar a la resiliencia comunitaria.

Costo de la solución basada en el estudio de caso*

Sistemas intermedios de información Climática para sistemas de alerta temprana

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Fuente: Soluciones Prácticas

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