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Fecha de publicación: 11/01/2018

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Primero incendios incontenibles y ahora, lluvias torrenciales que provocan deslaves y han cobrado ya la vida de 13 personas. California inicia el año enfrentándose de nuevo a las inclemencias del tiempo, pero ahora en una condición de mayor vulnerabilidad.

Tras una de las peores temporadas de incendios, que dejó cientos de miles de acres calcinados o erosionados, esta misma zona está ahora soportando horas consecutivas de fuertes lluvias.

El sentido común nos haría pensar que es una buena cosa que llueva donde estuvo y está tan seco. Sin embargo, la ciencia nos explica que cuando los incendios preceden intensas lluvias no es tan buena noticia.

Según explica el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el suelo en un área quemada es incapaz de absorber el agua de lluvia. Esto significa que se comporta más bien como una superficie repelente al agua: toda el agua que cae tiene que fluir favoreciendo la formación de flujos de lodo que recogen consigo todas las rocas y escombros que encuentra a su paso.

En un área que no se ha quemado, el suelo suele mojarse hasta saturarse. Entonces, la presión se acumula bajo tierra y es luego que esta comienza a moverse, a recoger el lodo y la suciedad a medida que comienza a fluir cuesta abajo. Es decir, toma más tiempo.

Por ejemplo, en las áreas no quemadas del sur de California, son necesarias al menos unas 10 pulgadas de lluvia para casi saturar el suelo. Después de ese punto, una ráfaga de lluvia de apenas un cuarto de pulgada por hora puede desencadenar deslizamientos de tierra poco profundos, incluido el flujo de escombros. Por el contrario, para las áreas quemadas, los flujos de lodo y escombros pueden golpear con solo unas cuantas lluvias de mediana intensidad.

Entendiendo este comportamiento del suelo, los derrumbes que azotan áreas recientemente quemadas son los más fáciles de predecir, advierte el USGS. Ya las autoridades saben que como consecuencia de los incendios forestales se quemaron las raíces de los árboles y toda la vegetación que podría mantener la tierra "en su lugar". Esta es la razón principal por la cual a partir de las primeras lluvias en zonas quemadas las autoridades comenzaron a evacuar a miles de residentes.

En la zona que fue devorada por las llamas del incendio de Thomas, el fuego más grande de la historia del estado, se prevé que caigan hasta 7 pulgadas de lluvia en las montañas, lo que podría favorecer deslizamientos.

Aunque el pronóstico es de menos precipitaciones en las zonas cerca de Sylmar, Santa Clarita, Bel-Air y el norte del condado de San Diego, las autoridades quieren prevenir daños por potenciales flujos de lodo, según reporta el diario Los Angeles Times.

Por si fuera poco, las autoridades de regiones como Sonoma aseguran que otro factor de riesgo es que se han detectado en algunas comunidades tuberías subterráneas dañadas debido a los voraces incendios lo que podría contribuir a que se rebasen las tuberías y corra el agua en las calles.

El Alcalde Chris Coursey dijo al Sacramento Times que espera que las evacuaciones debido a los sumideros o las inundaciones no sean necesarias, pero el subjefe de bomberos de Santa Rosa, Bill Shubin, dijo que los residentes aún deben estar preparados.

"Si eso llega al punto en que los aludes de lodo o las carreteras principales se ven comprometidas, tendremos que pedirle a la gente que abandone el área. Espero que eso no suceda. No parece que la lluvia que viene sea tan grave", adelantó Coursey.

El Servicio Geológico de EEUU asegura que las inundaciones tras los incendios forestales y el aumento de la escorrentía pueden continuar durante varios años en un área quemada, pero no es habitual que los flujos de escombros posteriores al incendio ocurran más allá de la segunda temporada de lluvias.

FUENTE: Univisión

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