Inundaciones y otros desastres son cada vez menos “naturales”

Inundaciones y otros desastres son cada vez menos “naturales”

 

La vida de más de un centenar de familias cambió en un abrir y cerrar de ojos en la tarde del 6 de febrero en Tiquipaya. Un aluvión (arrastre de sedimentos) enterró casas, destruyó autos y acabó con cinco vidas: Gamadiel Rojas (12), Héctor Torrico (77), Teodoro Acuña (78), Paulina Montaño (42) y Jhaneth Nina (37). El desastre (inundaciones) no sólo demostró el enorme riesgo que corren las personas que viven en el límite con el Parque Nacional Tunari, encima del área urbanizable y en las servidumbres de los ríos, sino que llamó la atención sobre el mercado de tierras, el descontrol de la mancha urbana y la falta de prevención de riesgos.

 

El arquitecto urbanista Huáscar Bolívar investiga desde hace más de una década el impacto de los desastres en la región metropolitana y remarca que hace mucho tiempo la comunidad científica ha negado la expresión “desastres naturales”, porque entendió que las inundaciones y otros fenómenos son parte dinámica de la tierra.

Los desastres son, en realidad, los “efectos” e “impactos” severos de esas manifestaciones y de otras causas.

Además, advierte que sostener la idea que los desastres son naturales incrementa el nivel de vulnerabilidad de la sociedad; más bien, propone que los fenómenos son resultan de una cadena de factores.

Explicó que hay cuatro tipos de amenazas: naturales, socionaturales, antrópicas y antrópicas tecnológicas.

Por ello, la informalidad urbanística es una amenaza porque los nuevos asentamientos se dan en suelos empobrecidos, débiles y en servidumbres ecológicas.

El problema es que todavía “la construcción de viviendas es por autogestión, por esfuerzo personal y cuando los ingresos son bajos, se busca un suelo de bajo precio y tiene esas características”.

La dificultad de acceder a los planes de vivienda y los requisitos de los créditos bancarios alientan la aparición de un mercado informal, donde están los loteadores. También alienta la venta de tierras agrícolas y la fragmentación de terrenos comunitarios.

Eso y otros factores como los altos costos impositivos y la ausencia de una oferta de tierras que se puedan ser urbanizadas obligan a la gente a acceder al mercado informal, incluso, a avasallar tierras.

El deterioro de las condiciones de vida en la ciudad también es una amenaza e incrementa la vulnerabilidad.

Bolívar advierte que aunque la brecha de la pobreza se ha acortado, los desastres se registran con mayor intensidad entre la población urbana pobre. (Ver infografía).

Una explicación puede ser que el acceso a la ciudad que tienen los migrantes está acortando la participación y hay menos acceso a los servicios. “Entonces los pocos recursos que se tienen se usan para sobrevivir”, declaró.

Explicó que “si las políticas de suelo son adecuadas, pero no hay una gestión de suelos hay un efecto dinámico de riesgo que genera amenazas y aumentan la vulnerabilidad de los asentamientos.

Antes se estimaba que alrededor de 600 hectáreas en el área metropolitana se inundaban normalmente en época de lluvia, pero eran campos de cultivo y ahora hay urbanizaciones informales expuestas. En su estudio Bolívar muestra la incidencia de los desastres desde 1992 hasta 2008 y los efectos.

 

Record de desastres

SEPA MÁS

La principal causa es meteorológica

La causa de los desastres es principalmente meteorológica, por ello, se tiene que trabajar en el manejo de cuencas, ríos y asentamientos que estén en riesgo.

Muertes en desastres y la informalidad

De acuerdo con la investigación de Huáscar Bolívar, entre 1992 y 2008 murieron 37 personas como consecuencia de los desastres, al menos el 76 por ciento vivía en el ámbito de la informalidad urbanística.

La amenaza tiene diferentes causas

La amenaza no sólo es de origen natural, sino socionatural, antrópico o tecnológico. El riesgo también es una construcción social.

A ello se suma que los desastres que se registran con mayor frecuencia son las inundaciones, riadas y taponamientos. Este último por la impermeabilización de los suelos y la falta de capacidad de los desagües.

Fuente: Los Tiempos

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