Adaptabilidad en tiempos de COVID-19: Explorando la construcción de la resiliencia digital

ebido a la pandemia generada por el coronavirus y a los consecuentes confinamientos, las organizaciones humanitarias y de desarrollo no han podido realizar de manera presencial las actividades tradicionales de fortalecimiento de la resiliencia. Dado que las comunidades de todo el mundo siguen enfrentándose a los riesgos del COVID-19 y a peligros naturales como las inundaciones, resulta más importante que nunca encontrar formas prácticas de ayudar a las comunidades a fortalecer su resiliencia. El trabajo del fortalecimiento de resiliencia ante inundaciones y la preparación ante la pandemia que ha realizado el equipo de México a través de la Cruz Roja Mexicana, dentro de la Alianza Zurich de Resiliencia ante Inundaciones (ZFRA por sus siglas en inglés), ilustra la forma en que la pandemia de COVID-19 ha acelerado, por un lado, el uso de metodologías y herramientas digitales y, por el otro, las oportunidades y retos que han resultado de dicho fenómeno.

Uso de herramientas y métodos digitales antes de COVID-19

Antes de la crisis provocada por el COVID-19, el equipo de Resiliencia ante Inundaciones trabajaba en la formación de brigadas comunitarias y en la línea de educación comunitaria para la reducción y la gestión del riesgo de desastres (RRD). Estas actividades se centraban en la interacción cara a cara con las comunidades, y aunque ya se utilizaban las herramientas digitales, sólo desempeñaban un papel menor en el trabajo. Usando la aplicación de WhatsApp, el equipo regularmente coordina las reuniones con los líderes comunitarios y recibe información hidrometeorológica del Instituto de Protección Civil del Estado de Tabasco. Las redes sociales, como Facebook y Twitter, sólo se utilizan para actividades de comunicación estándar. Todo esto cambió con el inicio de la pandemia y el confinamiento, ya que la interacción cara a cara con las comunidades ha sido, y sigue siendo, muy difícil. 

Actividades en línea para la sensibilización de COVID-19 y el fortalecimiento de la resiliencia ante inundaciones

Debido a las circunstancias actuales, el equipo ahora depende más de las redes sociales, de los servicios de mensajería y de herramientas de comunicación para mantenerse en contacto y apoyar a las comunidades durante la crisis. Por ejemplo, mientras que la sensibilización y la promoción de la salud tradicionalmente se realizaban en sesiones presenciales, el equipo ahora comparte infografías, podcasts y vídeos a través de WhatsApp, Facebook y Twitter. Al comienzo de la pandemia, el equipo respondió a las necesidades de las comunidades promoviendo las medidas de seguridad dentro y fuera del hogar, así como compartiendo información sobre las diferencias entre el COVID-19 y los síntomas del dengue.

Esta experiencia se utiliza ahora para seguir compartiendo mensajes clave sobre el COVID-19 y para continuar el programa de la Alianza (ZFRA).

Trabajo de resiliencia ante inundaciones

Por ejemplo, el equipo preparó y compartió infografías que explicaban a la población cómo prepararse y responder a la tormenta tropical Cristóbal. Además, el equipo ha seguido con la formación de brigadas comunitarias mediante la creación y el intercambio de vídeos con instrucciones sobre cómo organizarlas y cómo prepararse para situaciones de emergencia.

Además de los mensajes y la información que se comparte con las comunidades, el trabajo virtual comunitario les brinda apoyo y capacitación para que puedan organizarse. Facilitar la organización y la cohesión social es más importante que nunca, ya que el confinamiento y el distanciamiento físico pueden conducir al distanciamiento social y a la erosión del capital social. Como lo señala Brenda Ávila Flores, Coordinadora del Programa en México de la ZFRA: “Para nosotros es muy importante fortalecer los vínculos con y en las comunidades. No importa si hablamos de COVID-19, inundaciones o tormentas, necesitamos mantenernos en contacto con ellas para saber cómo se están organizando y apoyarlas”.

Trabajar con multiplicadores para aumentar el alcance

Para lograr una amplia difusión, el equipo trabaja en estrecha colaboración con actores clave, tales como líderes locales, autoridades y maestros y directores de las escuelas, los cuales actúan como multiplicadores. Por ejemplo, los videos e infografías se comparten con los maestros y directores, mismos que, a su vez, los comparten con sus colegas, estudiantes y madres y padres de familia. De esta manera, el equipo puede aprovechar eficazmente los canales de comunicación existentes. La retroalimentación de los profesores indica que a los estudiantes les gustaron especialmente los videos animados sobre las medidas de seguridad del COVID-19.
Los podcasts que promueven las medidas de seguridad del COVID-19 se comparten con los líderes y las autoridades locales, quienes los reproducen por medio de altavoces en las comunidades. Los materiales también se comparten en grupos de WhatsApp de brigadistas comunitarios que fueron registrados antes de la pandemia. De este modo, el equipo logró mantenerse en contacto y apoyar a cuatro comunidades con una población de unos 2,000 habitantes, en Teapa, y 18 comunidades con una población de unos 6,700 habitantes, en Jonuta.

 

Las llamadas semanales de seguimiento con los líderes comunitarios se utilizan como canales de retroalimentación y para supervisar la situación sobre el terreno. Como explica Gabriel Reyes, coordinador de terreno de la ZFRA, “mantener un contacto constante con las comunidades permite solicitarles información específica, y al equipo crear los materiales que la gente solicita". La estrecha comunicación bidireccional permite al equipo mantenerse centrado en la comunidad y orientar los materiales a las necesidades.

Desafíos del trabajo virtual comunitario y remoto

Esta nueva forma de trabajar no está exenta de desafíos. El acceso a Internet podría ser limitado en zonas remotas debido, sobre todo, al analfabetismo digital y/o a los costos de los teléfonos inteligentes y de los datos móviles. Por consiguiente, es posible que las actividades no lleguen a todos los miembros de las comunidades, y que los hogares particularmente desfavorecidos y remotos corran el riesgo de quedar excluidos. El equipo es consciente de ello y estudia la manera de hacer frente a esas barreras. Por ejemplo, los videos se comparten con el menor tamaño posible para reducir el tráfico y uso de datos. Sin embargo, no está clara la magnitud del problema, ya que actualmente el equipo no dispone de información suficiente sobre el uso que las comunidades le dan a los teléfonos, a los medios de comunicación social y a los servicios de mensajería, lo cual, muy probablemente, es muy distinto al uso que en las ciudades se les da a estas tecnologías.

Un problema adicional es que el equipo depende de otras partes interesadas y de redes, lo que dificulta el control del contenido y la evaluación del impacto. Por ejemplo, el equipo confía en que sus contactos compartan la información y los materiales de manera responsable con el resto de la comunidad. Sin embargo, el personal y los voluntarios de la ZFRA son conscientes del riesgo que existe en la posibilidad de que la información pueda ser utilizada por algunas personas para hacer propaganda política. Esto puede suceder en contextos frágiles y con conflictos políticos, lo cual hace particularmente difícil la labor del equipo. Además, debido a que el confinamiento impide realizar acciones de vigilancia y evaluaciones rigurosas, el equipo se limita a tomar como evidencia la información anecdótica sobre los impactos de las actividades. Dicha información suele proceder de los contactos clave y partes interesadas.

Lo que hemos aprendido y cómo lo usaremos 

Las tecnologías digitales y, en particular, las redes sociales pueden ser herramientas poderosas para los programas de RRD y de resiliencia cuando no se pueden llevar a cabo actividades in situ y presenciales. El ejemplo de México muestra cómo el acceso a Internet, a las redes sociales y a los servicios de mensajería abren nuevas oportunidades para llegar y trabajar incluso en comunidades remotas e inaccesibles. La situación que ha provocado el COVID-19 ha acelerado la exploración y el uso de esas oportunidades.

Con el problema generado por el coronavirus y sus consecuentes confinamientos, hemos observado que alrededor del mundo los profesionistas ya no utilizan los medios sociales únicamente como una herramienta de comunicación, sino también como mecanismos de entrega del trabajo comunitario básico relacionado con la sensibilización sobre los riesgos, la capacitación y los talleres de desarrollo, y la facilitación de diálogos bidireccionales con las principales partes interesadas. Es importante que, a medida que avancemos, se considere a "la nueva normalidad" y las posibles segundas olas, por lo que es necesario anticipar una estrategia híbrida para la programación y prestación de servicios. Como dice Gabriel Reyes: “Como coordinador de terreno, creo que necesitamos combinar las actividades virtuales y las presenciales, porque se espera que la situación actual continúe durante un tiempo. Estamos explorando formas de mejorar nuestra comunicación y actividades virtuales”.
La crisis del COVID-19 puede ser una oportunidad para mejorar la programación de la RRD y la resiliencia, lo cual acelerará el proceso de digitalización de una manera sin precedentes. Las modificaciones provocadas por el fenómeno, así como las capacidades que las organizaciones desarrollan ahora, darán forma a la programación de RRD y de resiliencia en la “nueva normalidad” del mundo posterior a Covid-19.

Los beneficios potenciales de esta transformación son claros. Por ejemplo, se está viendo que los métodos y herramientas digitales permiten a las organizaciones trabajar con las comunidades incluso cuando el acceso físico no es posible debido al confinamiento, la lejanía, la inseguridad o las rutas de acceso intransitables que provocan las inundaciones. Además, el uso de métodos y herramientas digitales abre oportunidades sin precedentes para que se amplíe de manera eficiente la prestación de servicios de RRD y resiliencia y el acceso a un público más amplio. Sin embargo, deben abordarse problemas como la exclusión de los grupos vulnerables sin acceso a Internet.

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