Elaborarán planes integrales para mitigar daños por huaicos e inundaciones


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Elaborarán planes integrales para mitigar daños por huaicos e inundaciones

El Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri) adjudicó la buena pro a 10 empresas para la elaboración de estudios técnicos en las cuencas de los ríos de diversos valles a escala nacional para elaborar planes integrales para mitigar daños por huaicos e inundaciones.

Según el Minagri, esta adjudicación forma parte de los planes o soluciones integrales que están considerados dentro del Programa Nacional de Reconstrucción con Cambios (RCC) con el objetico de mitigar daños por huaicos e inundaciones. El Programa Subsectorial de Irrigaciones (PSI) tiene a su cargo 11 proyectos.

El director Ejecutivo del PSI, Huber Valdivia Pinto, explicó que este “es un hecho sin precedentes en la historia del país y con la entrega de la buena pro se sientan las bases para que mañana más tarde se pueda intervenir ordenadamente en las cuencas del Perú”.

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La convocatoria de estos procesos se inició en octubre del año pasado con la publicación del requerimiento, posteriormente con la formulación, evaluación y absolución presencial de las consultas técnicas, que realizaron las empresas interesadas en formar parte de este programa.

Por último, entre el 28 de enero y 1 de febrero de este año se absolvieron las consultas administrativas para que, finalmente, entre el 11 y 15 de febrero se entregue la buena pro, luego de la apertura de los sobres con las propuestas técnicas y económicas.

En la adjudicación de la buena pro intervinieron empresas de nacionalidad española, china, japonesa y peruanas. Los consorcios o empresas ganadoras tendrán en promedio un año, a partir de la firma del contrato, parapara elaborar planes integrales para mitigar daños por huaicos e inundaciones y proponer un enfoque integral de las cuencas del país.

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Las intervenciones se harán en las cuencas de los ríos Huarmey, Casma y Lacramarca, ubicados en el departamento de Áncash; Huaura, Mala, Rímac y Cañete, en el departamento de Lima; Matagente en Ica; y Motupe, Olmos y La Leche, en la región Lambayeque.

Solo queda pendiente la cuenca del río La Leche, en Lambayeque. Sin embargo, ya se convocó a la licitación y en los próximos días se entregará la Buena Pro.

Planes integrales

La formulación de los planes integrales para mitigar daños por huaicos e inundaciones consiste en la elaboración de los estudios técnicos que determinen que tipo de proyectos se realizarán para mitigar los fenómenos naturales de inundaciones y movimientos de masas (huaicos).

Este plan deberá desarrollar a corto plazo 4 perfiles que reduzcan o mitiguen entre el 60 % y 65 % el riesgo en la cuenca intervenida, mientras que a mediano y largo plazo deberán desarrollar documentos con el mismo fin, pero para mitigar el riesgo entre el 35 % y 40 %.

Valdivia Pinto acotó que se adoptan dos tipos de intervenciones: las estructurales, las cuales están referidas a obras ingeniería civil y las no estructurales que se consiste en la elaboración de perfiles de inversión, de alerta temprana, además de la cuantificación de riesgo de inundaciones, capacitación y sensibilización para la población.

“El trabajo a realizarse no va ser el mismo en cada cuenca, hay puntos comunes, pero no puede ser un solo tipo de solución para problemas determinados en cada río”, afirmó.

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Por ejemplo, en la parte alta de las cuencas se podría intervenir con presas de laminación o diques en los ríos, para que cuando el caudal sea alto se almacene el recurso y se suelte de manera controlada para evitar daños en la parte baja de la cuenca.

Asimismo, en la parte baja se podría intervenir con control de inundaciones mediante estructuras de cualquier tipo (defensas ribereñas) para que cuando el caudal del río se incremente no inunde zonas agrícolas y/o urbanas.

Por último, en la parte media se podrían aplicar diques transversales en ambas márgenes de un río. Sin embargo, la modalidad de intervención la determinarán los estudios que se hagan en cada una de las cuencas.

Cabe recordar que los DS-213-2018-EF y DS-239-2018-EF permitieron créditos suplementarios para el Minagri por 142 millones 859,669 soles que permitieron obtener el presupuesto para la Reconstrucción con Cambios.

Fuente: ANDINA

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Construyendo Comunidades Resilientes en la Cuenca del Río Rímac


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Construyendo Comunidades Resilientes en la Cuenca del Río Rímac

El presente artículo aborda la experiencia de trabajo del Proyecto Aliados ante Inundaciones de Practical Action, sobre la construcción de comunidades resilientes en la Cuenca del Río Rímac.

El 67% de la población del distrito de Lurigancho Chosica y el 41% del área urbana se encuentran en situación de Riesgo Alto, originado por diversas causas naturales y antrópicas como la geografía accidentada, la estrechez de cauce del río Rímac, invasión de viviendas en quebradas sin planificación, etc. 

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Enfoque de intervención

La acción comunitaria y el desarrollo de capacidades es un eje transversal en la GRD, fortalecer la organización, participación y las capacidades individuales y colectivas es fundamental para construir comunidades resilientes. El proyecto Aliados ante Inundaciones, haciendo uso de metodologías activas e inclusivas, ha acompañado a las comunidades vulnerables de la cuenca del río Rímac a construir participativamente sus instrumentos de gestión para reducir sus riesgos ante huaycos e inundaciones, prepararse y responder oportunamente ante una situación de desastres, protegiendo a sus familias y sus medios de vida.

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Análisis de participativo de capacidades y vulnerabilidades - PCVA:

Para lograr la articulación de las comunidades en torno a la quebrada, fortalecer la identidad y el sentido de compromiso y empoderamiento de las familias en base a la necesidad de reducir sus riesgos para construir una comunidad resiliente se inició en talleres con la construcción participativa de la historia de la comunidad y la elaboración de la línea del tiempo de los desastres, que fue indagar más allá de los estudios e investigaciones técnicas y científicas y hurgar en la memoria colectiva de las familias de Chosica, recuperar y valorar los saberes locales sobre el comportamiento del clima, la frecuencia e intensidad de las lluvias, las acciones de respuesta ante los huaycos y aprender de las experiencias de lo vivido ante las recurrentes situaciones de emergencia por huaycos e inundaciones; con esta información previa construimos el mapa de riesgo de la comunidad, el plan familiar y el plan comunitario de contingencia de las quebradas, priorizando medidas anticipadas de prevención, preparación y respuesta durante la emergencia.

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De la Capacitación a la Acción:

Sistema de Alerta Temprana Comunitario: para que la comunidad pueda responder de manera oportuna frente a la ocurrencia de un huayco, fue fundamental la organización e implementación de las brigadas y la facilitación de herramientas útiles para monitorear el peligro y para alertar de manera oportuna la llegada del huayco y la inundación. Se hizo uso de pluviómetros artesanales, silbatos, sirenas y megáfonos y se creó un grupo de WhatsApp entre los líderes de las quebradas para comunicarse y contar con información actualizada del comportamiento de las quebradas y el río, facilitando la toma de decisiones anticipadas y oportunas como reforzar las viviendas, limpieza de calles y techos, protección de los servicios, evacuar a las personas más vulnerables, niños, mujeres, adultos mayores, discapacitados, poner a buen recaudo sus bienes, construir barreras con sacos de arena, acordonar los terrenos expuestos, etc.

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Lecciones:

  • El conocimiento local del territorio y la experiencia vivida de la comunidad fueron uno de los recursos más valiosos para entender el contexto y diseñar medidas acordes a las
    necesidades de las comunidades.
  • Los programas de capacitación deben conllevar a fortalecer la organización comunitaria promoviendo la acción colectiva con el fin de reducir las pérdidas y tomar medidas oportunas.
  • La construcción colectiva de los planes comunitarios durante las jornadas de capacitación favoreció para que las personas se comprometan con la implementación de los mismos y se organicen a través de las brigadas.
  • El uso de equipos personales como el celular y otros de fácil acceso como los pluviómetros artesanales para monitorear el peligro y emitir comunicados, fortalece la autoestima de la comunidad y mantiene activa una red de comunicación para tomar decisiones oportunas.

Descarga la publicación completa aquí: Fortalecimiento de capacidades para mitigar los impactos de huaicos en Perú

Fuente: Soluciones Prácticas

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¿Las lecciones de la naturaleza?


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¿Las lecciones de la naturaleza?

Después del embate del Fenómeno El Niño (FEN) en el verano del 2017, la frase “aprendamos de las lecciones de la Naturaleza” fue usada varias veces. Estoy casi seguro de que PPK y alguno de sus ministros la usaron en aquél momento y hoy Vizcarra nos la recuerda.

El problema con esta frase, mucho más calculada de lo que uno imagina, es su carácter ambiguo… Es una combinación perfecta de dos componentes: el primero, “la Naturaleza es muy poderosa y nos da lecciones”, y el segundo: “en el futuro debemos tomar hacer algo al respecto”.

Como ven, ambos componentes dejan limpio al que la proclama, ocultando, voluntaria o involuntariamente, por un lado el hecho de que el FEN es recurrente y ya deberíamos haber aprendido cualquier posible lección, y por otro, el hecho de que sí existen responsables hoy, de carne y hueso, con nombre propio, y patear la responsabilidad al futuro no es correcto.

En mayo del 2018, la Asociación de Contribuyentes del Perú encontró que los recursos disponibles para prevenir y reducir el riesgo de desastres no solo eran insuficientes sino que se gastaban de manera ineficiente.

Encontramos que el monto destinado a la partida de prevención de desastres naturales alcanzaba los 720 millones de soles, considerando solo las 3 regiones más afectadas por el FEN (Lima, Piura y La Libertad) y, atención al dato, que de las 192 intervenciones programadas para “limpieza y encauzamiento de ríos”, solo el 13% incluía la construcción de defensas ribereñas. Es decir, limpiábamos el río para que pase el nuevo huaico, pero no protegíamos a los peruanos que vivían en el valle.

A mayo del 2018, en Lima, el 79% de los recursos se invertía estrictamente en trabajos de descolmatación y solo el 21% consideraba adicionalmente defensas ribereñas. En Piura, el 92% se invertía para descolmatar y solo el 8% para construir defensas ribereñas y en La Libertad, la proporción era de 85% / 15% bajo los mismos criterios.

Había pasado un año desde que el FEN golpeará la vida de más de 650 mil personas. Había pasado un año y no se había ejecutado ni el 10% del presupuesto. Había pasado un año y no habíamos aprendido ninguna lección. ¿Por qué tendríamos que aprenderla hoy en el sur? ¿Por qué Moquegua, Arequipa y Tacna generarían una reacción distinta si nuestros burócratas son los mismos?

Estamos actualizando los datos de mayo 2018 a febrero 2019, para las mismas partidas de limpieza de cauces y defensas ribereñas. No tenemos mucha fe, para serles honesto. Creemos que además de la lentitud, otra de las características de la inversión en la Reconstrucción con Cambios ha sido su pública ineficiencia. Nos llegan reportes de obras innecesarias, inconclusas y de muchísima falta de planificación. ¿Cómo ser optimistas? ¿Cómo pensar que ahora seremos más eficientes no solo con el pendiente del norte sino con el nuevo pendiente del sur?

Conclusión: presidente Vizcarra, no hemos aprendido de las lecciones de la Naturaleza. Es un hecho. Ojalá entienda este mensaje y deje de priorizar su popularidad en las encuestas, para ponerse a trabajar por todos los damnificados, del sur y del norte, con eficiencia y eficacia, aunque tenga que remover la apática e insensible burocracia que lo rodea y se encarga de estos proyectos.

Fuente: Gestión

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Fuerzas Armadas en alerta permanente para actuar en casos de huaicos y lluvias


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Fuerzas Armadas en alerta permanente para actuar en casos de huaicos y lluvias

El ministro de Defensa, José Huerta, enfatizó que las unidades de las FFAA podrán intervenir de oficio ante una emergencia, sin esperar una orden superior.

El ministro de Defensa, José Huerta, remarcó que las Fuerzas Armadas continuarán en alerta permanente para actuar ante las emergencias que se vienen presentando en algunas zonas del país a consecuencia de las lluvias y huaicos.

“He dispuesto que todas las instituciones de las Fuerzas Armadas, como son el Comando Conjunto, el Ejército, la Marina de Guerra y la Fuerza Aérea, se mantengan en alerta permanente para poder enfrentar con todas sus capacidades estos riesgos de desastres que tenemos a nivel nacional”, afirmó durante la sesión del Consejo Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (Conagerd), que fue presidida por el mandatario Martín Vizcarra.

Huerta también enfatizó que ha dispuesto que todas las unidades de las Fuerzas Armadas actúen de oficio ante una emergencia en el ámbito que esté a su cargo, sin esperar de una orden superior.

“Esto es muy importante, porque muchas veces los comandos esperan la orden del escalón superior para poder actuar, pero ahora con esta alerta permanente y la disposición de actuar de oficio, cada comando puede salir inmediatamente en apoyo de las zonas afectadas en estrecha coordinación con las autoridades locales, gobiernos regionales e Indeci”, señaló.

Asimismo, informó que ha asignado un helicóptero de forma exclusiva y permanente para cada una de las tres regiones del sur del país más afectadas por los desastres naturales, como son Arequipa, Moquegua y Tacna. “Estas aeronaves pueden ser utilizadas por todos los sectores en caso necesiten llevar algún apoyo a estas tres regiones”, refirió.

-Despliegue-
También informó que más de mil integrantes de las Fuerzas Armadas han sido movilizados para atender las emergencias en el sur del país, a fin de apoyar a los damnificados, y que otros 900 soldados se encuentran a disposición para los relevos correspondientes.

Detalló que se han movilizado 10 aeronaves de la Fuerza Aérea, entre aviones de transporte y helicópteros, y que hoy ya partió hacia el sur el buque multipropósito B.A.P. Pisco con cerca de 500 toneladas de carga, entre ayuda humanitaria, vehículos militares y de ingeniería.

Indeci ha trasladado 23 toneladas de ayuda humanitaria, entre alimentos, herramientas, techo, enseres, abrigo y productos de primera necesidad, a las regiones de Arequipa, Moquegua y Tacna. Adicionalmente, ha enviado otras 10 toneladas de donaciones de empresas privadas, consistente principalmente en agua embotellada y alimentos no perecibles.

Fuente: El Comercio

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La gestión del riesgo en instituciones educativas


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La gestión del riesgo en las instituciones educativas

 

El presente artículo brinda herramientas sencillas y prácticas para implementar acciones de gestión del riesgo en instituciones educativas, con un énfasis en la promoción de los derechos ambientales de la niñez.

1. ¿Qué es un desastre?

Llamamos desastre a las situaciones de grandes pérdidas humanas, materiales y/o ambientales causadas por fenómenos naturales y/o inducidos por el hombre, que no pueden ser afrontadas utilizando exclusivamente los recursos de la comunidad o la sociedad afectada y que por tanto requieren de la asistencia o apoyo externo.

2. ¿Por qué ocurren los desastres?
Para que ocurra un desastre son necesarias determinadas condiciones previas o condiciones de riesgo: la existencia de una amenaza o peligro y la vulnerabilidad o grado de exposición ante tal amenaza o peligro.

2.1. Las amenazas

Las amenazas o peligros están definidas como la probabilidad de ocurrencia de un fenómeno potencialmente destructivo como es el caso de los sismos, huaycos, heladas, sequías, inundaciones, derrames tóxicos, explosiones, etc. Esta probabilidad puede deberse a causas naturales, antrópicas o a la combinación de ambos. Por eso las amenazas o peligros se clasifican por su origen en:

Naturales como es el caso de la interacción de las placas tectónicas que determina la existencia de sismos, o el Fenómeno El Niño y las variaciones naturales del clima que en el pasado determinaron exclusivamente la frecuencia e intensidad de las inundaciones y los huaycos.

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Las amenazas o peligros están condicionados por factores geográficos, en particular la cercanía a la zona de convergencia intertropical que determina un mayor impacto del Fenómeno El Niño, la existencia de la Cordillera de los Andes que influye en el clima y distribución del agua (así como en las pendientes que precipitan los huaycos y aluviones) y la ubicación respecto al cinturón de fuego del Pacífico donde interactúan las placas tectónicas. Cada región y cada zona tienen características que determinan amenazas y/o peligros diferentes.

Si se vive en una zona andina, tendremos mayor probabilidad de aluviones, huaycos y sequías, si se vive en una zona selvática, tendremos más inundaciones y deslizamientos, si se vive en una zona costera serán más frecuentes los movimientos sísmicos y las inundaciones y se podrán generar tsunamis. Los condicionamientos geográficos y naturales serán más determinantes para los casos de sismos, tsunamis y aluviones, pero no así para los casos de fenómenos que pueden ser influenciados directa o indirectamente por la actividad humana.

Antrópicas como es el caso de las deficiencias de las instalaciones construidas por el hombre o de su inadecuada manipulación que pueden causar accidentes tecnológicos como son el vertimiento de petróleo en los ríos y océanos, las explosiones e incendios derivados del escape de gas o el derrame de tóxicos que impactan en la salud de las personas.

En la medida en que las actividades productivas y los servicios dependen cada vez más de la manipulación o uso de elementos potencialmente letales o adversos a la salud, los riesgos tecnológicos se incrementan como viene sucediendo con las industrias extractivas de petróleo y minería o la reciente explotación y futuro consumo masivo del gas en las ciudades. Las amenazas o peligros antrópicos pueden ser mayores o menores en la medida en que se cuente con estrategias de seguridad adecuadas al interior de las empresas y en el entorno que puede ser afectado.

El uso de determinadas tecnologías puede constituirse en una amenaza o peligro y generalmente descubrimos su carácter peligroso muchos años después como ocurrió; es el caso del empleo de refrigerantes y aerosoles que se produjeron desde la década de 1930 pero recién descubrimos que son causantes de la destrucción de la capa de ozono; es también el caso del petróleo y la ganadería intensiva, que fueron vistos inicialmente como un gran beneficio para la humanidad pero muchas décadas después sabemos que inciden fuertemente en el cambio climático; o más recientemente el uso de los biocombustibles como sustituto del petróleo pero que está contribuyendo a la escasez e incremento de los precios de los alimentos que puede derivar en un desastre en los países pobres.

Socios naturales, cuando el hombre o la sociedad contribuyen a la ocurrencia o al incremento de la intensidad de fenómenos que en el pasado eran exclusivamente naturales.

Es el caso de la deforestación o el mal manejo del agua y suelo que al aumentar la erosión contribuye a la ocurrencia de deslizamientos, huaycos o inundaciones; o a los procesos de desertificación que intensifican las sequías. También se considera que la producción creciente de gases en la atmósfera derivada del consumo de combustibles fósiles genera el calentamiento del clima mundial y puede estar influyendo en una mayor frecuencia e intensidad de fenómenos como lluvias intensas ( que provocan huaycos, aludes o deslizamientos), huracanes o sequías.

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Otra práctica humana que incrementa las amenazas o peligros es la de ocupar los causes de los ríos para fines de vivienda o productivos, o simplemente como vertederos de residuos sólidos. La invasión u ocupación de los causes determina el incremento de los caudales o el desvío de las aguas, de tal forma que favorece e incluso determina las inundaciones de los ríos y canales de regadío.

2.2. La vulnerabilidad

La vulnerabilidad constituye uno de los componentes claves de los riesgos de desastre; es el grado de exposición de las personas, familias, comunidades, sociedades o de sus recursos frente a las amenazas o peligros del medio.

La vulnerabilidad es la resultante de la interacción de causas de fondo como son la insuficiente realización de los derechos de las personas asociada a la pobreza, las desigualdades sociales o la discriminación; las presiones dinámicas como son las migraciones y las tendencias de crecimiento urbano y las políticas públicas que no favorecen la seguridad social y de la infraestructura productiva; y las condiciones inseguras de las personas y sus bienes.

Aunque las condiciones físicas de los niños, minusválidos y adultos mayores pueden ser determinantes, la insuficiente realización de los derechos de las personas constituye sin duda uno de los principales factores de la vulnerabilidad. Es el caso de las mujeres y los niños en la medida en que se limita su acceso a la participación y toma de decisiones, o cuando a los más pobres se les limita el acceso a la educación e información.

Es también el caso de las comunidades indígenas y los más pobres en la medida en que no se toma en cuenta sus puntos de vista o que no tienen acceso a servicios básicos de salud, educación y protección social en general. La pobreza hace más vulnerable a las personas porque tienen menos recursos materiales, para defenderse de cualquier amenaza.

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Las migraciones y los procesos de urbanización tienden a generar mayores condiciones de vulnerabilidad cuando los migrantes carentes de recursos y conocimientos apropiados construyen sus viviendas precarias en laderas y cauces. Los campesinos pobres no pueden acceder a sistemas de riego por lo que son más vulnerables frente a las sequías.

Las políticas públicas pueden ser determinantes en el incremento de la vulnerabilidad en la medida en que no incorporen estrategias para proteger a las personas y sus bienes frente a las amenazas o peligros. La inexistencia o insuficiencia de servicios de salud, la falta de acceso a la seguridad social, y la ausencia de medidas de protección de la infraestructura productiva, entre otros, constituyen ejemplos en este sentido. La insuficiente o deficiente planificación puede generar nuevas condiciones de riesgo, cuando se ocupan espacios con gran fragilidad ambiental.

Algunas instituciones identifican la vulnerabilidad con las condiciones inseguras, lo que limita el comprender y actuar sobre los otros aspectos de la vulnerabilidad. Por ejemplo puedo reducir la vulnerabilidad reubicando a las familias que viven en terrenos inundables pero otras familias necesitadas pueden volver a ocupar estos terrenos hasta que no cuente con terrenos seguros disponibles para los más pobres o no cuente con estrategias para orientar la ocupación de los terrenos. También puedo construir viviendas más resistentes para algunas familias que pueden endeudarse pero los más pobres no tendrán necesariamente acceso a estas.

La falta de una comprensión integral de la vulnerabilidad lleva generalmente a cometer muchos errores porque las causas de fondo o las presiones dinámicas como por ejemplo ocurre con las familias damnificadas del terremoto en Tambo de Mora y Pisco que se resisten a ser ubicadas porque los primeros tienen expectativas que los terrenos donde vivían anteriormente se valoricen cuando se construya el tramo de la autopista o los segundos cuando se haga realidad el resurgimiento de la actividad turística y comercial.

También esta falta de comprensión integral de la vulnerabilidad lleva erróneamente a pretender reubicar familias que están dispuestas a correr riesgos en razón de su actividad productiva o de sus limitaciones económicas. Muchas personas realizan actividades productivas en los lechos de los ríos porque no tienen acceso a medios de producción rentables y seguros; o viven en zonas inundables o laderas porque solo así el costo de sus viviendas y servicios les es accesible.

La vulnerabilidad se genera también por el insuficiente o distorsionado conocimiento:

  • No conocemos bien el lugar en que vivimos o aquello de lo que dependemos para vivir y por consiguiente lo deterioramos irresponsablemente o introducimos elementos extraños que lo afectan negativamente.
  • No sabemos que hacer frente a un peligro natural, socio natural o producido por el hombre que puede ocurrir allí donde vivimos, puesto que ya antes han ocurrido eventos similares;
  • Desconocemos los procedimientos o tecnologías con las que podemos proteger, ubicar y construir viviendas e instituciones educativas seguras.
  • Desconocemos o no recordamos los desastres pasados por lo que no extraemos lecciones de ello.


3. ¿Qué son los riesgos y que características tienen?

Los riesgos pueden ser definidos como las condiciones sociales, ambientales y naturales que pueden devenir en un desastre. Se trata de pérdidas probables debidas a las amenazas o peligros y la vulnerabilidad que poseen las personas y comunidades así como debido a la fragilidad de la infraestructura social y los sistemas productivos.

Estas condiciones se interrelacionan en entornos territoriales y sociales diferenciados, por lo que no podemos desligar las condiciones de riesgo local de las regionales, nacionales e incluso globales. A pesar de ello el riesgo de desastre se manifiesta en un territorio definido y circunscrito.

El riesgo es latente y representa una potencialidad sujeta a determinadas formas objetivas y subjetivas de medición, proyección e interpretación, mientras que el desastre es consumado, palpable y sentido.

La cotidianidad es un elemento trascendental para comprender la construcción social de amenazas y vulnerabilidad, y por ende del riesgo de desastre.

4. ¿Con qué capacidades podemos contar para reducir los riesgos o evitar riesgos futuros?

Las capacidades son los medios que la sociedad puede poner en juego para reducir los riesgos y construir un hábitat seguro. Las capacidades pueden ser materiales (infraestructura, tecnologías y financiamiento), institucionales u organizativas. Los conocimientos, actitudes y habilidades de las personas, la fuerza de liderazgo, son claves en el desarrollo de las capacidades para prevenir o responder a los desastres. Las capacidades pueden desarrollarse mediante: procesos de aprendizaje e incidencia individual y colectiva (redes), el acceso a tecnologías y recursos (infraestructura y financiamiento), y si se expresan todas aquellas culturas y sensibilidades mayoritarias y minoritarias.

Las capacidades nacionales; regionales y locales implican tanto a las familias; las redes de relaciones familiares y vecinales; las distintas formas de organización comunitaria; las instituciones públicas y privadas; y especialmente la institución educativa con sus niños, niñas y adolescentes; las cuales, pueden en su conjunto contribuir a la prevención de desastres y/o a la reducción de vulnerabilidad.

Las capacidades de las personas e instituciones son determinantes para la reducción de las condiciones de riesgo por lo que es necesario fortalecerlas, así como promover su articulación entre las diversas instituciones y organizaciones de la comunidad.

Revisemos algunos conceptos para reconocer los riesgos

  • Los desastres son circunstancias de alteración en el funcionamiento de la sociedad generadas por graves pérdidas humanas, materiales o ambientales causadas por el impacto de fenómenos naturales y/o inducidos por el hombre.
  • Los riesgos constituyen la probabilidad de ocurrencia de un desastre derivada de determinadas condiciones sociales, ambientales y naturales. Estas condiciones hacen que un fenómeno se transforme en una amenaza y que las personas, los bienes y los sistemas sociales y productivos estén expuestos.
  • Las amenazas de origen antrópico están relacionadas con las innovaciones tecnológicas, la seguridad en la producción, la distribución de materiales peligrosos, y la circulación y disposición de residuos tóxicos.
  • Algunas amenazas o peligros de origen natural están cada vez más influidos por la actividad humana, por lo que son cada vez más socios naturales.
  • La vulnerabilidad es el grado de exposición frente a los peligros o amenazas, debido a causas de fondo como la insuficiente realización de los derechos de las personas, a procesos dinámicos como las migraciones y el desarrollo urbano, las políticas públicas, etc.
  • Los problemas de pobreza, la exclusión económica, social y cultural son vistas cada vez más como causas de fondo de la vulnerabilidad y de la insuficiente resiliencia frente a los desastres.
  • Las capacidades de las personas e instituciones y de las organizaciones y redes, son claves para la reducción o prevención de los riesgos.

5. ¿Qué es gestión del riesgo?

Una vez conocidos los factores de riesgos es necesario saber cómo se puede actuar sobre los escenarios que componen dichos factores, por lo que pasaremos a detallar lo que es la Gestión del Riesgo.

Allan Lavell lo define como un proceso social complejo, cuyo fin último es la reducción o la previsión y control permanente del riesgo de desastres en la sociedad en consonancia con las pautas del desarrollo sostenible.

Para Orlando Chuquisengo la gestión del riesgo es la capacidad de las sociedades y de sus actores sociales para transformar sus condiciones de riesgo, actuando sobre las causas que lo producen. Incluye medidas y formas de intervención que tienden a reducir, mitigar, prevenir y responder a los desastres. La transformación de las condiciones de riesgo debe darse a través de un proceso planificado, concertado, participativo e integral de una comunidad, una región o un país, ligado a la búsqueda de la sostenibilidad.

La gestión del riesgo parte del reconocimiento de que los desastres constituyen problemas generados en los procesos de desarrollo y por tanto la necesidad de fortalecer las capacidades y la articulación entre las diversas instituciones, organizaciones y los actores del desarrollo para reducir los riesgos.
Desde un enfoque de derechos la gestión de riesgos supone condiciones más favorables para que los habitantes de un territorio ejerzan el derecho a la vida que es indesligable de los derechos a la alimentación, salud, educación, vivienda, y a disfrutar de un ambiente integralmente sano. En un territorio capaz de garantizarles a sus habitantes la realización de sus derechos, seguramente las relaciones entre naturaleza y comunidad son más sostenibles que en uno en donde esos derechos no se pueden ejercer.

Al respecto Pedro Ferradas agrega que el enfoque de derechos de la niñez aplicado a la gestión del riesgo resulta fundamental porque supone la indivisibilidad de los derechos de la niñez y su necesaria realización tanto en los procesos de desarrollo a fin de reducir la vulnerabilidad frente a las amenazas de desastres como en las situaciones de desastre o respuesta a estos.

Consecuentemente la gestión de riesgos en la institución educativa implica la reducción de la vulnerabilidad de las éstas, la contribución del proceso educativo en la generación de una cultura de prevención en la institución educativa y la comunidad, y el fortalecimiento de la resiliencia de la comunidad educativa para responder ante situaciones de emergencia; tareas que requieren necesariamente de la acción concertada de las diversas instancias del sistema educativo, incluida la comunidad de maestros, estudiantes y padres de familia.


De acuerdo con Allan Lavell pueden existir tres tipos de gestión de riesgo:

La gestión correctiva, que se refiere a la adopción de medidas y acciones de manera anticipada para reducir las condiciones de riesgo ya existente. Se aplica en base a los análisis de riesgos y teniendo en cuenta la memoria histórica de los desastres. Busca fundamentalmente revertir o cambiar los procesos que construyen los riesgos.

La gestión prospectiva, que implica adoptar medidas y acciones en la planificación del desarrollo para evitar que se generen nuevas condiciones de riesgo. Se desarrolla en función del riesgo "aún no existente" y se concreta a través de regulaciones, inversiones públicas o privadas, planes de ordenamiento territorial, etc. Hacer prospección implica analizar el riesgo a futuro para definir el nivel de riesgo aceptable. Y para que sea exitosa, se requiere un alto grado de voluntad política, compromiso social y conciencia pública. Lavell (2003), indica que los siguientes mecanismos deben aplicarse y se deben reforzar mutuamente:

  • La introducción de normativas y metodologías que garanticen que todo proyecto de inversión analice integralmente los riesgos que enfrenta y genera.
  • La creación de normativas sobre el ordenamiento territorial.
  • La búsqueda de usos productivos alternativos para territorios peligrosos.
  • La promoción de tecnologías accesibles y seguras, mediante normativas y programas.
  • El fortalecimiento de los niveles locales de gobierno, fundamentalmente de sus capacidades.
  • La continua sensibilización y capacitación sobre gestión de riesgos, teniendo en cuenta las particularidades de cada actor (sociedad civil, entes privados y estatales, cooperación internacional, etc.).
  • El establecimiento de penas y estímulos eficaces. La instrumentación de esquemas de uso de recursos naturales y ecosistemas que garanticen el desarrollo sostenible.
  • La reforma del currículo.
  • El fomento de una cultura de seguridad.
  • La creación de espacios de participación ciudadana y de vínculos más estrechos entre los tomadores de decisiones y los actores locales.

La gestión reactiva que implica la preparación y la respuesta a emergencias, estando siempre alertados y bien preparados para cualquier eventualidad, de tal modo que los costos asociados a las emergencias sean menores, se presente un cuadro de daños reducido y la resiliencia sea alta.

Hasta ahora la mayor parte de políticas estatales en todo el mundo han dado más énfasis a la respuesta ante emergencias. El inconveniente de persistir en una política sesgada a ésta fase de la gestión de riesgos es que favorece el asistencialismo más no el desarrollo y además sólo logra un alivio temporal.

También es usual que exista mucho apoyo para los procesos de rehabilitación después de desastres. En realidad si dichos procesos están bien concebidos, representan una oportunidad para el fortalecimiento de las organizaciones locales y para fomentar un ordenamiento territorial más adecuado. La reconstrucción va ligada a la rehabilitación pues tiene fines similares pero su valor agregado es que pretende eliminar o reducir al máximo las limitaciones existentes antes del desastre, y también prevenir la generación de nuevos riesgos.

No hay que olvidar que la gestión de riesgos no se reduce a una obra o una acción concreta, se refiere al proceso por medio del cual un grupo humano toma conciencia del riesgo que enfrenta, lo analiza y lo entiende, considera las opciones y prioridades en términos de su reducción, considera los recursos disponibles y diseña las estrategias e instrumentos necesarios para enfrentarlo, negocia su aplicación y toma la decisión de implementarlas.

A continuación presentamos un cuadro sobre la conceptualización de los procesos de la gestión del riesgo elaborado por Ana Campos del proyecto Apoyo a la Prevención de Desastres en la Comunidad.

6. La institución educativa y la gestión del riesgo

La educación en gestión del riesgo implica un proceso o conjunto de acciones orientadas a desarrollar una cultura de prevención en los miembros de la comunidad educativa. La institución educativa, como parte de la comunidad, tiene un rol importante que cumplir en la gestión del riesgo, desarrollando conocimientos para reducir los riesgos existentes y/o responder a los desastres.

Es importante aprender a no generar nuevos riesgos porque cada acción cotidiana puede aumentar o reducir nuestra vulnerabilidad. Para ello:

a) Debemos reconocer nuestro entorno, es decir:

  • Saber cómo y con qué materiales se han construido o se van a construir las edificaciones (viviendas, locales comunales, instituciones educativas, etc.) y procurar revisiones para comprobar el buen estado de las mismas.
  • Identificar las acciones humanas que ponen en riesgo nuestra sobrevivencia, e intervenir para modificarlas. La organización dentro de la institución educativa debe aliarse con la organización de la comunidad y la de las autoridades para promover actividades que modifiquen esas circunstancias de riesgo producidas por los seres humanos.
  • Reconocer las condiciones de vulnerabilidad que generamos cotidianamente se convierte en un aprendizaje fundamental para la comunidad educativa.
  • Reconocer cuáles son las características naturales del entorno (vegetación, flora, fauna, suelo), y los efectos de todo ello sobre nuestras vidas. Por ejemplo, necesitamos conocer el comportamiento del clima de nuestra región, seamos un ecosistema desierto, un bosque tropical o una zona alto andina - con todas las características que cada ecosistema tiene – pues sabemos que esto influirá de manera diferente en nosotros y producirá fenómenos diversos que correspondan a los componentes naturales y a los de influencia humana.
  • Conocer cuáles son las principales actividades productivas o extractivas que se desarrollan en el entorno identificando si están reduciendo o aumentando la vulnerabilidad.
  • Conocer las amenazas probables, reconociendo el curso probable de los acontecimientos eventualmente desastrosos, o las zonas donde los fenómenos pueden causar mayor daño;
  • Conocer cuáles son las experiencias de la población frente a desastres que se presentaron anteriormente, de esta manera tendremos la historia de eventos y conoceremos cómo se actuó en tales circunstancias. Su conocimiento también debe ayudarnos a conocer qué actividades debo incluir en los planes a futuro para no generar nuevos riesgos que podrían ser potenciales desastres.
  • Identificar qué elementos extraños están actuando en nuestro entorno y evaluar su impacto positivo o negativo en nuestras vidas pasadas, presentes y futuras.
  • Identificar y conocer los estudios sobre zonificación económica ecológica y ordenamiento territorial de nuestro entorno.
  • Conocer las costumbres de la población, fiestas tradicionales y principales manifestaciones culturales.

Representar gráficamente nuestros riesgos y recursos. Con todos estos datos conocidos, podemos elaborar participativamente un Mapa de Riesgos que represente la ubicación espacial de la institución educativa, el cual nos oriente sobre las amenazas a las que estamos expuestos e identifique nuestra condición de vulnerabilidad.

Posteriormente con la reflexión y análisis se podrá proponer de manera participativa las soluciones que debemos organizar. En el mapa se identificarán las zonas de mayor riesgo, las de mediano riesgo y las zonas seguras. Asimismo, podemos elaborar un Mapa de Recursos que identifique los recursos propios al interior de la institución educativa y en la comunidad local que pueden ser utilizados en situaciones de emergencia o para reducir los riesgos existentes.


b) Debemos organizarnos. La experiencia ha demostrado que los mejores argumentos para reducir nuestra vulnerabilidad los aportan las personas que han sabido comprometerse y organizarse, que conocen los riesgos y las medidas e instrumentos para gestionarlos. También debe significar entender como no construir vulnerabilidad desde nuestras decisiones cotidianas, por ejemplo no ubicar nuestra vivienda cerca del cauce de un río o tomar las medidas para protegerse. La institución educativa, como parte de la comunidad local y desde su propia organización, coopera con las autoridades y la comunidad. El comité ambiental, la comisión de gestión del riesgo y las brigadas de defensa civil o las redes de estudiantes son instituciones básicas para implementar medidas de reducción del riesgo.

c) Debemos promover la colaboración permanente con la comunidad local. La institución educativa debe abrir espacios de comunicación permanente con la comunidad a la que pertenece, particularmente con el gobierno local, las autoridades representativas de la defensa civil y de la seguridad ciudadana, los medios de comunicación, las organizaciones sociales y las empresas privadas. Estas relaciones fluidas deben ser de beneficio para todos y deben permitir a la comunidad educativa asumir mejor sus funciones y trabajar más eficazmente en la gestión del riesgo. Hay, además, algunas conductas y actividades actuales importantes que la experiencia ha enseñado y de las que se puede obtener aprendizajes.

“La participación de los actores debe partir desde el análisis de su realidad (de sus condiciones de riesgo y sus capacidades de intervención) hacia la búsqueda de alternativas de solución, el establecimiento de prioridades y la toma de decisiones y, por último, en la evaluación de los resultados conseguidos con las actividades y la retroalimentación del proceso” (Orlando Chuquisengo y Luis Gamarra).

d) Debemos saber cómo minimizaron los riesgos nuestros antepasados. La historia prehispánica de los habitantes de nuestro territorio nos muestra que nuestros antepasados sabían dónde construir sus viviendas, cómo y con qué hacerlo, de qué manera distribuir a las poblaciones, cómo prevenir situaciones de carencias por causas de fenómenos naturales o humanos – por ejemplo, cómo almacenar el agua y cómo usarla. Es decir, sabían cómo gestionar el riesgo y aplicaban criterios de ordenamiento territorial al configurar sus espacios poblacionales y productivos. Esta experiencia tan antigua es una fuente de aprendizaje, que, luego de la conquista, se han ido olvidando y que es necesario rescatar.

e) Debemos evaluar cualquier evento que ocasione daños y aprender de lo que hemos vivido para identificar las causas que nos generaron vulnerabilidad y proponer acciones para reducirlas mitigando los daños futuros.

f) Debemos evaluarnos permanentemente, tanto sobre lo que conocemos de nuestro entorno, (amenazas y oportunidades), sobre nuestra condición de vulnerabilidad y sobre nuestras capacidades de respuesta organizada para mejorar nuestra intervención (perfeccionar todo ello).

g) La gestión del riesgo está asociada a calidad y seguridad. Todos los instrumentos de gestión educativa, desde planes institucionales hasta el currículo educativo deben incorporar acciones de gestión del riesgo.

Debemos tener claro que la institución educativa existe en función de los niños, las niñas y los adolescentes que son sus protagonistas principales y que los docentes y los funcionarios nos debemos a ellos y ellas; así mismo, la institución educativa cumple una función social que esta explicita en la Ley General de la Educación, por lo que, la institución debe leer las problemáticas del contexto, respondiendo a sus necesidades. El objeto de la educación no se limita a la formación de individuos sino también a la construcción de sociedad, incidiendo en su cultura.

Es así que:

En situaciones de riesgo, ellos son nuestra principal y primera preocupación. Y la mejor manera de demostrarlo, en situaciones de riesgo, es reconociendo que sin su cooperación consciente, nada es posible.

La organización de los niños, niñas y adolescentes en la institución educativa es fundamental y sin ese componente, ninguna acción será efectiva.
Asimismo, los niños, niñas y adolescentes deben reconocer en la práctica las situaciones de riesgo en su entorno y tener clara conciencia de su vulnerabilidad y lo que debe hacerse para reducir dicha vulnerabilidad y la de su comunidad. Esto significa que parte de su formación consiste en ser personas activas en su aprendizaje sobre todo lo referente a la gestión del riesgo, desde la elaboración de los mapas de riesgos y de recursos, hasta la organización misma para la preparación ante desastres, los procesos de planificación y evaluación.

La gestión del riesgo implica la gestión ambiental pues en el manejo que hemos hecho del territorio, están las causas de muchos de nuestros desastres. Por ello ambas temáticas deben reflejarse en el Proyecto Educativo Institucional de manera transversal de igual manera que en el PCI (Plan Curricular Institucional) y el PAT (Plan Anual de Trabajo), ambos parte de la Propuesta Pedagógica del PEI de la institución educativa. Así mismo, es parte de la Estrategia Nacional de Educación Ambiental que encarna la Movilización Social Escuelas Seguras, Limpias y Saludables y de la aplicación del enfoque ambiental en la Educación Básica Regular.

La educación en gestión del riesgo se realiza en alianza con las instituciones especializadas del Estado tales como, el Instituto Nacional de Defensa Civil- INDECI, el Ministerio de Salud – MINSA, el Ministerio de Agricultura – MINAG, el Ministerio de Energía y Minas – MINEM, etc. y junto con organismos especializados de la sociedad civil como ONG, universidades, etc. Algunas actividades que pueden realizarse para la educación en gestión del riesgo son:


a) Elaboración o actualización del mapa de riesgos y mapa de recursos.
b) Campañas de reforestación.
c) Evaluación de la vulnerabilidad y las capacidades de la institución educativa
d) Pasacalles de sensibilización a la comunidad educativa
e) Talleres de comunicación para difundir mensajes de prevención en la comunidad.
f) Obras de teatro, pasacalles, comparsas.
g) Elaboración o actualización del plan de contingencia para situaciones de emergencia.
h) Señalización de las zonas de peligro y de seguridad, así como de las rutas de evacuación en
i) casos de emergencia.
j) Conservación y mantenimiento de la infraestructura.
k) Implementación de los equipos de seguridad y emergencia.
l) Organización de simulacros para situaciones de emergencia.
m) Conservación y manejo responsable de las instalaciones sanitarias y eléctricas.
n) Conservación y manejo responsable de equipos e implementos de los talleres y laboratorios.
o) Formación de hábitos de seguridad vial.
p) Actualización de los instrumentos de gestión de la institución educativa que permita incorporar de manera transversal la gestión del riesgo y el cambio climático
q) Participar del análisis de riesgo del distrito o caserío donde está la institución educativa y posterior articulación a algún proceso de desarrollo (plan de desarrollo concertado, plan de ordenamiento territorial, etc.)

Es importante poner en práctica una ética ambiental que implica adecuación de las actitudes humanas a pautas correctas de uso de los recursos. “Hablar por tanto de las actitudes morales de los seres humanos con el ambiente significa reflexionar sobre las claves que necesariamente han de orientar nuestros programas educativos en coherencia con sus aspectos conceptuales y metodológicos pues ningún cambio en estos últimos será verdaderamente efectivo si no va acompañado de un profundo ejercicio crítico acerca de los valores que intervienen cono soporte de la acción” (María Novo: la educación ambiental: bases éticas, conceptuales y metodológicas pág. 79)

El ser humano debe, por ello, aprovechar con cuidado de los recursos que dispone. Cuando no respetamos las reglas que nos impone la Tierra para vivir en armonía con ella, cuando usamos tecnología inapropiada para transformar nuestro entorno y cuando saqueamos los recursos, ella reacciona para adecuarse a los cambios, pudiendo producirse situaciones de riesgo por causa de la acción del ser humano.

Es conveniente que al trabajar en programas educativos abordemos la cuestión del riesgo como un tema central para interpretar en toda su complejidad las implicaciones de los proyectos de desarrollo.

7. La gestión del riesgo y la política nacional de educación ambiental para el desarrollo sostenible

En la propuesta de la Política Nacional de Educación Ambiental para el desarrollo sostenible - PNEADS, que actualmente está en aprobación, se incluye la gestión del riesgo como una dimensión específica y de aplicación concreta de la educación ambiental en las instituciones educativas, en el marco de los proyectos educativos ambientales y otros instrumentos de gestión educativa.

La PNEADS considera que la aplicación del enfoque ambiental permite desarrollar la educación ambiental en las instituciones educativas, involucrando acciones para lograr una escuela segura. En este sentido, las instituciones educativas deberán:

  • Incorporar en su propuesta de diversificación curricular acciones de educación en gestión del riesgo y medidas de adaptación al cambio climático.
  • Conformar o actualizar con participación de la comunidad educativa, la Comisión de Gestión del Riesgo (Comisión Permanente de Defensa Civil), que elaborará su Plan Anual de Trabajo.
  • Promover prácticas de gobernabilidad educativa que incorporen la gestión del riesgo (rendición de cuentas, calidad de inversiones, seguridad de nueva infraestructura educativa, etc.).
  • Los educadores y padres de familia deben ser actores claves en los procesos de planificación del territorio y de la elaboración del Plan de Gestión del Riesgo.
  • Programar, realizar y auto evaluar los simulacros y actividades de gestión del riesgo y desarrollar actividades pedagógicas en torno a la elaboración de mapas de riesgos, de recursos y del Plan de Gestión del Riesgo.
  • Desarrollar proyectos educativos que incorporen la gestión del riesgo a nivel de la institución educativa y de la comunidad local.

 

Descargar la publicación completa: Gestión del riesgo en instituciones educativas: Guía para docentes de educación básica regular

Fuente: Soluciones Prácticas

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