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Fecha de publicación: 13/10/2017

Giulio Valz-Gen
Editor de Lima y País

Uno camina por algunas zonas de Lima y otras ciudades del país, y es evidente que muchísimas edificaciones se caerán en un eventual terremoto.

Un informe del Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci) dice que un sismo de 8 grados dejaría 51 mil muertos, 686 mil heridos, 200 mil viviendas colapsadas y 348 mil altamente afectadas en Lima. Repito: 51 mil muertos y 686 mil heridos.

¿Y qué hacemos frente a esto? Pues muy poco. Parecemos una sociedad resignada a la catástrofe. La dimensión del problema es tan, pero tan grande, que casi nadie se atreve a tomar el toro por las astas.
La principal razón de ser del Estado es la defensa de la persona humana. Entonces, si el Indeci, el ente estatal responsable de implementar la política y plan nacional para el riesgo de desastres, dice que un sismo en Lima puede dejar más de 50 mil muertos y casi 700 mil heridos, ¿cómo podemos estar tan tranquilos? ¿Por qué no estamos haciendo algo acorde a la magnitud del riesgo?

multitud fuera de Reniec

Si bien la responsabilidad de implementar las medidas para mitigar los riesgos asociados a desastres recae en los distintos niveles de gobierno, la sociedad civil debe jugar un rol. El Comercio considera que tiene la obligación de poner este problema en el más alto nivel del debate público. Nuestra meta es que las discusiones respecto a cuántas personas morirían en tal o cual lugar, o cuántas casas se caerían deben convertirse en acciones concretas para prevenirlas. El diagnóstico es importante, pero no sirve para nada si no se toman acciones.

Iniciamos hoy la campaña Riesgo País. Buscamos que la prevención ante riesgos de desastres no sea noticia solo cuando existe un tema de coyuntura.

Es mejor prevenir que reconstruir. Dirijamos los esfuerzos a organizarnos para no necesitar autoridades de la reconstrucción.

Durante los próximos meses presentaremos una serie de notas con un solo objetivo: que se tomen medidas concretas para nunca tener que escribir una página como la que aquí presentamos.

FUENTE: El Comercio

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