Fecha de publicación: 19/09/2017

inundación cementerio bonifacio

Desde el cielo en forma de lluvia y desde el suelo, por brotes. A través de ríos, arroyos y arroyuelos, como por las calles asfaltadas, cordones cuneta y caminos de tierra. Desde distritos vecinos y hasta de provincias vecinas. Pura y cristalina, pero también revuelta y riesgosa. Así, de todas las formas posibles, el agua acosa a una vasta región que sufre un exceso hídrico descomunal desde la primera mitad del año. Según la Bolsa de Cereales de Bahía Blanca, hay 5 millones de hectáreas afectadasde las 9 millones productivas en 14 partidos de La Pampa y 29 de Buenos Aires. Ocho de estos tienen más de la mitad de su territorio entre inundado y anegado.

En uno de ellos, Coronel Suárez, Eduardo Molinari atiende su campo y arrienda otro, ambos cubiertos por el agua que desde hace mes y medio bajó de las sierras y arrasó como torrente con terraplenes, alambrados y sembradíos.

“Las napas están muy altas, a apenas 20 centímetros y si un vehículo pasa por el camino lo revienta. Es como vivir sobre un colchón de agua”, describió a Clarín el productor de la zona de Piñeyro al que le tomó dos días mover a un grupo de 70 animales dentro del mismo campo para que no se ahogaran.

No tuvo la misma suerte Fabián Basualdo, que pese a estar en Coronel Dorrego, alejado de la zona más crítica de la cuenca del Salado, también sufre. En los cuatro meses que su campo de poco más de 500 hectáreas lleva anegado, ya perdió 200 animales, entre vacas y ovejas.

"Hasta el domingo pasado, hacia un mes que no llovía, pero el nivel de agua en el suelo seguía aumentando. En la zona más alta, hasta las cuevas de los peludos están inundadas”, describió sobre la magnitud del fenómeno que emerge de las entrañas de la fértil tierra triguera y afecta la calidad del cereal, ya sembrado y fertilizado, además de complicar el inicio de la campaña maicera.

No tuvo la misma suerte Fabián Basualdo, que pese a estar en Coronel Dorrego, alejado de la zona más crítica de la cuenca del Salado, también sufre. En los cuatro meses que su campo de poco más de 500 hectáreas lleva anegado, ya perdió 200 animales, entre vacas y ovejas.

"Hasta el domingo pasado, hacia un mes que no llovía, pero el nivel de agua en el suelo seguía aumentando. En la zona más alta, hasta las cuevas de los peludos están inundadas”, describió sobre la magnitud del fenómeno que emerge de las entrañas de la fértil tierra triguera y afecta la calidad del cereal, ya sembrado y fertilizado, además de complicar el inicio de la campaña maicera.

En Guaminí, más allá de los campos, la situación más acuciante es la del pueblo Bonifacio, de 2.000 habitantes. Tiene más del 25% del cementerio inundado y el hospital cercado por la laguna Alsina, en su máximo nivel histórico.

“El agua brota desde el asfalto, corre por el cordón cuneta y sale por las aberturas de las casas. Tenemos un riesgo sanitario muy alto, porque no hay cloacas y los sumideros están todos tapados”, reconoció el secretario de Gobierno Ignacio Honorato, a cargo de la delegación.

Esta semana, se inició la construcción de un desagüe hacia la laguna que aliviaría a la zona sur del pueblo, una salida con la que no cuentan Garré y Casbas, también de Guaminí, que viven semi inundadas desde julio y carecen de un sitio hacia donde derivar el agua.

El uso de bombas extractoras se volvió allí ya una costumbre, como en Villa Maza, donde el domingo hubo evacuados. Esta localidad pertenece a Adolfo Alsina, distrito que defiende a capa y espada su principal atractivo turístico, las aguas termales y ruinas del lago Epecuén, arrasado por inundación de 1985. “La cota máxima es de 93 metros y hoy tiene 96. Estamos sobrepasados y no hay otra forma de sacar el agua que no sea por evaporación, entonces hay que evitar el ingreso de agua”, se defendió Facundo Montenegro, presidente del Concejo Deliberante de Alsina.

Guaminí y Coronel Suárez, últimos eslabones del sistema de lagunas Encadenadas, presionan para que el caudal sea derivado aguas arriba, hacia Epecuén, en lugar de hacia sus distritos, de los más golpeados por la inundación.

Una situación similar enfrenta a Trenque Lauquen y Daireaux, con denuncias judiciales cruzadas entre intendentes que se acusan de intromisión en sus territorios. Varias escuelas rurales sin clases, o trasladadas a estancias con docentes que pasan la semana allí para dar clases, tambos que deben tirar la leche por no poder sacarla y trabajadores rurales que temen por sus fuentes de trabajo conforman un panorama actual muy crítico, agravado por una perspectiva desalentadora.

Habrá más lluvias desde el miércoles

Después de las fuerte lluvias registradas hace 8 días, con registros entre 50 y 140 milímetros, hubo una brecha de buen tiempo en el oeste y sudoeste bonaerense. Pero a partir del miércoles se espera un incremento de la nubosidad y el retorno de las precipitaciones, más intensas hacia el jueves. Los valores pluviales no serian tan altos como los del fin de semana pasado, aunque, en un contexto de elevada humedad del suelo, retrasarían la lenta recuperación de campos y caminos.

En estos días soleados, la mejoría en la meteorología permitió avanzar con algunos trabajos puntuales de canalización e instalación de terraplenes para derivar y contener el avance hídrico. Pero las obras de fondo, en algunos casos ya licitadas y adjudicadas por el gobierno provincial, como el nuevo partidor en Piñeyro, aún no pueden comenzar.

“Las empresas están esperando a que baje el agua”, aseguran desde el ministerio de Agroindustria. Y llevará tiempo que eso ocurra, porque las previsiones anticipan una primavera y un verano húmedos para la región.

Desde el área de Meteorología del CERZOS, organismo del Conicet, estiman que hasta febrero, podrían agregarse entre 400 y 600 milímetros más a los valores acumulados, ya por encima de la media anual. “Llevamos unos 900 milímetros en el año, cuando el promedio anual del último medio siglo es de 600 a 700” reveló a Clarín la ingeniera agrónoma María Elena Antonelli, del área de estimaciones agrícolas de la Bolsa de Cereales de Bahía Blanca.

FUENTE: Clarín